Por: Marta Bonserio Directora Pedagógica de MB Consultora

El inicio de un nuevo ciclo lectivo es mucho más que el regreso al calendario escolar; es el reencuentro de una comunidad que se reconoce en un propósito compartido. A menudo, la urgencia de los plazos administrativos nos hace olvidar que la escuela es, ante todo, un ecosistema humano. Por eso, el gran desafío de este año es inaugurar un tiempo donde el bienestar no sea la excepción, sino la base sobre la cual se construye cada jornada.

Cuando hablamos de bienestar, no nos referimos a la ausencia de trabajo, sino a la presencia de un clima institucional que aloja, respeta y potencia a cada uno de sus integrantes. Iniciar el año desde este enfoque es una apuesta por la calidad de los vínculos que sostienen el aprendizaje.

Una red donde todos somos protagonistas

El bienestar en la escuela es una responsabilidad compartida. Se construye cuando el docente llega al aula con la tranquilidad de una planificación que lo respalda y la confianza de ser valorado en su saber. Se fortalece cuando el preceptor recibe a los alumnos en la puerta con una sonrisa, sabiendo que su rol de acompañamiento es el primer eslabón de una trayectoria protegida.

También se respira cuando el secretario organiza el orden administrativo que da seguridad jurídica a todos, y cuando los directivos e inspectores modelan un liderazgo que no persigue, sino que acompaña y facilita. En esta red, nadie es más importante que otro: somos un engranaje donde el bienestar de un actor es la garantía de serenidad para el resto.

Alumnos felices en ambientes que invitan a aprender

El fin último de este esfuerzo colectivo son nuestros alumnos. El bienestar de los adultos es el suelo fértil donde crece la confianza de los estudiantes. Nuestra meta es que los chicos y chicas habiten aulas donde se sientan cómodos, escuchados y seguros.

Un ambiente propicio para el aprendizaje es aquel donde el error es parte del proceso y donde la alegría de aprender no se ve opacada por la tensión del clima escolar. Queremos que cada estudiante entre a la escuela con la certeza de que allí hay adultos que cuidan su presente y proyectan su futuro. Trabajamos para que egresen como ciudadanos de bien, con la fortaleza para elegir su camino, ya sea en estudios superiores o en el mundo del trabajo.

El liderazgo distribuido como cultura de cuidado

Este inicio de ciclo es la oportunidad ideal para abrazar el liderazgo distribuido. Es el momento de soltar la idea de que uno solo debe cargar con todo y pasar a la corresponsabilidad. Cuando cada preceptor, docente y secretario se siente «dueño» de su espacio de intervención, la carga se aliviana y el sentido de pertenencia se multiplica.

Que este año la escuela sea un lugar donde dé gusto estar. Que el compromiso con el bienestar nos permita transformar la rutina en una experiencia de aprendizaje significativa para todos. Bienvenidos a un ciclo lectivo donde educar sea, por sobre todas las cosas, un acto de cuidado y esperanza.