Por: Maximiliano Catalisano

Entrar a un aula y encontrar a los estudiantes explorando el sistema solar en tres dimensiones, recorriendo ruinas mayas o viajando dentro del cuerpo humano ya no pertenece a la ciencia ficción. La realidad virtual (VR) y la realidad aumentada (AR) están cambiando la forma de aprender, permitiendo experiencias inmersivas que antes eran impensadas. Lo que comenzó como una curiosidad tecnológica se ha convertido en una poderosa herramienta educativa que ya se aplica en escuelas, universidades y centros de formación de distintos países del mundo. Estas tecnologías no solo hacen más atractivo el aprendizaje, sino que logran conectar al estudiante con el conocimiento desde la emoción y la experiencia directa.

En los últimos años, países como Japón, Finlandia y Estados Unidos han impulsado políticas que integran la VR y la AR en sus sistemas educativos, entendiendo que el aprendizaje inmersivo ayuda a mejorar la comprensión y la retención del conocimiento. En Japón, por ejemplo, el Ministerio de Educación promueve el uso de simuladores virtuales para la enseñanza de historia, ciencias y formación técnica. Los estudiantes pueden practicar en entornos simulados, experimentar fenómenos físicos o revivir acontecimientos históricos desde una perspectiva interactiva. Estas experiencias no solo estimulan la curiosidad, sino que desarrollan habilidades cognitivas y emocionales difíciles de alcanzar con métodos tradicionales.

En Finlandia, donde la educación se caracteriza por su innovación, la realidad virtual se utiliza como un complemento pedagógico para fomentar la exploración y la autonomía del estudiante. Los docentes integran cascos de VR y plataformas interactivas que permiten recrear escenarios de aprendizaje colaborativo. En las clases de biología, por ejemplo, los alumnos pueden “caminar” por ecosistemas naturales o visualizar procesos celulares. En las de arte, pueden crear esculturas virtuales o experimentar con estilos de pintura sin necesidad de materiales físicos. Esta integración tecnológica no busca reemplazar al docente, sino potenciar su rol como mediador entre el conocimiento y la experiencia.

En América Latina, la incorporación de entornos virtuales está creciendo de forma sostenida. En México, Argentina y Chile se desarrollan proyectos que combinan VR, AR y aprendizaje activo para acercar contenidos complejos de manera visual y participativa. En escuelas técnicas y universidades, se aplican simulaciones para el aprendizaje de ingeniería, medicina o arquitectura, permitiendo que los estudiantes practiquen sin riesgos ni costos materiales. En la educación básica, la realidad aumentada se usa para que los libros cobren vida: imágenes que se proyectan en 3D al apuntar con una Tablet o un celular, ofreciendo una experiencia que fusiona el mundo físico con el digital.

Uno de los avances más interesantes se da en el campo de la formación docente. Universidades y organismos internacionales están capacitando a maestros para que aprendan a integrar la realidad virtual y aumentada en sus estrategias de enseñanza. El objetivo es que los educadores no solo dominen el uso técnico de las herramientas, sino que comprendan cómo aplicarlas de forma pedagógica, adaptándolas a distintas edades y materias. Programas como Virtual Reality for Teachers en Reino Unido o Educación Inmersiva LATAM en América Latina, impulsan comunidades de aprendizaje donde los docentes experimentan, comparten recursos y crean contenidos propios.

La realidad aumentada, por su parte, ha demostrado ser especialmente útil en contextos donde los recursos materiales son limitados. Con un simple dispositivo móvil, las escuelas pueden acceder a modelos tridimensionales, recorridos virtuales o laboratorios interactivos. En zonas rurales o con escasa infraestructura, esta tecnología permite acercar experiencias educativas de calidad sin depender de costosos materiales. Por eso, organismos como la UNESCO y UNICEF promueven proyectos de inclusión tecnológica que brindan acceso a herramientas de realidad aumentada en comunidades educativas de África, Asia y América Latina.

En Corea del Sur, la VR se ha incorporado incluso en la formación emocional de los estudiantes. Los programas de educación socioemocional utilizan entornos inmersivos para enseñar empatía y convivencia, simulando situaciones de la vida real donde los alumnos pueden ponerse en el lugar del otro. Estos proyectos han demostrado que la tecnología puede contribuir no solo a la enseñanza de contenidos, sino también al desarrollo humano.

En Estados Unidos, las universidades han sido pioneras en explorar las posibilidades pedagógicas de la realidad virtual. Harvard y Stanford, por ejemplo, utilizan entornos inmersivos para el aprendizaje de medicina, psicología o diseño. Los estudiantes practican cirugías virtuales, recorren estructuras anatómicas o participan en simulaciones sociales donde se analizan comportamientos humanos. Estas experiencias, imposibles de replicar en el aula tradicional, ayudan a desarrollar habilidades prácticas y pensamiento crítico.

Europa también avanza en la creación de redes colaborativas entre escuelas que aplican VR y AR. El programa europeo XR4ED (Extended Reality for Education) reúne a instituciones de distintos países para investigar el impacto de la realidad extendida en el aprendizaje y crear recursos educativos accesibles. El objetivo es democratizar el acceso a estas tecnologías y generar contenidos en múltiples idiomas, asegurando que los beneficios lleguen a más contextos educativos.

La expansión de la realidad virtual y aumentada en la educación no está exenta de desafíos. La conectividad, el costo de los dispositivos y la formación docente siguen siendo factores que determinan su alcance. Sin embargo, los avances tecnológicos están reduciendo las barreras: cada vez existen más herramientas gratuitas, plataformas de bajo costo y experiencias compartidas que permiten a cualquier escuela comenzar a explorar este universo. Lo importante no es la tecnología en sí, sino cómo se utiliza para fortalecer el aprendizaje, despertar la curiosidad y fomentar la participación activa del estudiante.

En este nuevo escenario educativo, los entornos virtuales se convierten en puentes entre el conocimiento y la imaginación. Permiten experimentar, explorar y crear desde perspectivas imposibles en el mundo físico. La educación del futuro no se limitará a los libros o las pantallas, sino que será una experiencia multisensorial, colaborativa y abierta. Lo que hoy parece innovación, mañana será parte del aula cotidiana. Y en ese camino, la realidad virtual y aumentada ya están mostrando que aprender puede ser también una aventura inmersiva.