Por: Maximiliano Catalisano

¿Qué ocurre cuando una de las instituciones educativas más antiguas e influyentes de China decide mirar simultáneamente hacia su propia tradición y hacia el futuro? La Universidad de Pekín ofrece una respuesta fascinante. Fundada en 1898 como Imperial University of Pekín, fue la primera universidad nacional de China y nació en un momento de profundas transformaciones educativas. Más de un siglo después, se convirtió en una institución que reúne humanidades, ciencias, tecnología, ingeniería, medicina, economía y estudios interdisciplinarios, mientras amplía sus vínculos con estudiantes, investigadores y universidades de todo el mundo.

La experiencia de la Universidad de Pekín, conocida como PKU, permite observar algo que puede resultar especialmente interesante para cualquier sistema educativo: modernizar el conocimiento no significa abandonar la historia, la cultura o las disciplinas tradicionales. Por el contrario, significa utilizarlas como punto de partida para comprender un mundo que cambia a gran velocidad.

En una época marcada por la inteligencia artificial, la transformación tecnológica y la circulación internacional del conocimiento, PKU propone una combinación particular: formación amplia, especialización académica, investigación, contacto con otras culturas y apertura hacia nuevas áreas.

Esa combinación contiene varias ideas que pueden trasladarse mucho más allá de una universidad de Beijing.

Una tradición que no quedó detenida en el pasado

La Universidad de Pekín nació en 1898, durante el Movimiento de Reforma de los Cien Días. Su creación representó un momento decisivo para la educación superior china y marcó el comienzo de una nueva etapa en la organización universitaria del país.

Pero su historia no consiste simplemente en conservar una tradición centenaria.

A lo largo del siglo XX, la institución fue incorporando nuevas áreas de conocimiento y transformándose hasta convertirse en una universidad integral. Actualmente reúne seis grandes áreas académicas —humanidades, ciencias sociales, economía y administración, ciencias, tecnología de la información e ingeniería, y ciencias de la salud— junto con 55 escuelas y departamentos y numerosos centros de investigación.

Esta evolución permite extraer una primera enseñanza: una institución educativa puede preservar su identidad sin permanecer inmóvil.

La tradición puede funcionar como una plataforma para innovar.

En lugar de considerar que las humanidades pertenecen al pasado y la tecnología al futuro, el modelo de PKU permite imaginar una educación donde ambas dimensiones dialogan.

Un estudiante que aprende inteligencia artificial también necesita comprender sus consecuencias sociales. Quien estudia economía necesita interpretar cambios tecnológicos. Quien trabaja con datos necesita comprender cómo se construyen las narrativas. Y quien estudia historia puede utilizar herramientas digitales para investigar fenómenos que antes requerían otros métodos.

El conocimiento contemporáneo es cada vez menos una colección de compartimentos aislados.

Uno de los aspectos más interesantes de la propuesta de la Universidad de Pekín es la combinación entre educación general y formación especializada.

La propia universidad señala que considera la educación de grado como una base de su propuesta académica y que busca integrar formación general y profesional, además de promover programas interdisciplinarios.

Esto representa una alternativa frente a una pregunta que aparece cada vez con mayor frecuencia: ¿conviene especializar a los jóvenes lo antes posible?

El modelo de PKU sugiere que una formación sólida necesita amplitud antes de una especialización demasiado estrecha.

¿Por qué?

Porque los problemas del mundo real rara vez respetan las fronteras de una materia.

Un profesional puede necesitar interpretar información científica, comprender aspectos económicos, comunicarse con personas de otras culturas y utilizar herramientas digitales. Una persona dedicada a la tecnología puede encontrarse trabajando en salud, educación, energía, comunicación o políticas públicas.

Por eso, la educación general no debería considerarse una pérdida de tiempo frente a las materias “importantes”. Puede ser precisamente lo que permita conectar conocimientos más adelante.

Esta idea también puede llevarse a la escuela secundaria.

Un proyecto sobre inteligencia artificial podría integrar matemática, lengua, tecnología, historia y formación ciudadana. Un trabajo sobre cambio climático podría reunir ciencias naturales, geografía, matemática y comunicación. Una investigación sobre una ciudad podría combinar arquitectura, literatura, economía, ambiente y análisis de datos.

No se trata de agregar contenidos.

Se trata de encontrar conexiones entre los que ya existen.

Otro aspecto distintivo de la Universidad de Pekín es su esfuerzo por combinar una sólida comprensión de China con una perspectiva internacional.

Su sistema para estudiantes extranjeros incluye programas específicos destinados a comprender la historia, la cultura, la sociedad, la economía y otros aspectos del país. También cuenta con cursos en inglés sobre distintas dimensiones de China y propuestas de intercambio académico.

La idea es interesante porque plantea una cuestión que muchas escuelas todavía pueden profundizar: para comprender el mundo no alcanza con conocer otros países. También es necesario comprender la propia cultura.

La educación internacional no debería significar simplemente estudiar Estados Unidos, Europa o Asia.

También debería permitir que cada estudiante pueda explicar su propio contexto, sus tradiciones, sus problemas y sus formas de interpretar la realidad.

Una escuela argentina puede desarrollar esta perspectiva sin necesidad de organizar viajes.

Puede comparar cómo diferentes países enfrentan un mismo problema. Puede analizar cómo se enseña matemática en distintos sistemas. Puede investigar cómo se utiliza la inteligencia artificial en diferentes sociedades. Puede estudiar cómo se organizan las ciudades, cómo se protegen los recursos naturales o cómo se desarrollan las políticas culturales.

Y, al mismo tiempo, puede pedir a los estudiantes que expliquen cómo se aborda ese mismo tema en su comunidad.

Así, lo internacional deja de ser algo lejano y se convierte en una herramienta para mirar mejor la propia realidad.

La interdisciplinariedad como respuesta a problemas complejos

La Universidad de Pekín cuenta con una estructura académica particularmente amplia y promueve programas que cruzan áreas de conocimiento. Su oferta para estudiantes incluye más de un centenar de carreras de grado y numerosas posibilidades de formación interdisciplinaria.

Esta característica adquiere una importancia especial en el contexto actual.

La inteligencia artificial, por ejemplo, no es solamente una cuestión informática.

Tiene consecuencias sobre el empleo, la educación, la privacidad, la comunicación, la medicina, el arte, la política y la vida cotidiana.

Si una escuela enseña inteligencia artificial exclusivamente desde tecnología, deja afuera buena parte del problema.

Pero si la aborda desde diferentes materias, los estudiantes pueden comenzar a comprenderla como un fenómeno social y cultural.

Una clase puede analizar una respuesta generada por una herramienta de IA desde lengua. Matemática puede estudiar los datos. Tecnología puede explicar el funcionamiento general de los sistemas. Historia puede investigar cómo otras innovaciones transformaron la sociedad. Formación Ciudadana puede analizar cuestiones relacionadas con privacidad y responsabilidad.

El resultado es mucho más rico que aprender simplemente a utilizar una aplicación.

La modernización del conocimiento en PKU también está relacionada con el peso que la investigación tiene dentro de su estructura académica. La universidad se presenta como una institución de investigación con una amplia red de centros, escuelas y hospitales asociados.

Para la educación escolar, esto ofrece una idea muy poderosa: enseñar a investigar desde edades tempranas.

Investigar no significa necesariamente realizar grandes experimentos científicos.

Un estudiante puede investigar por qué determinados espacios de la escuela se utilizan más que otros. Puede estudiar cómo cambió el consumo de agua durante un año. Puede entrevistar a personas mayores para reconstruir la historia del barrio. Puede analizar información sobre hábitos de lectura. Puede comparar noticias sobre un mismo acontecimiento publicadas en diferentes medios.

La investigación comienza con una pregunta.

Después aparecen la búsqueda de información, la selección de fuentes, la comparación de datos, la formulación de hipótesis, la comprobación y la comunicación de resultados.

Todo eso puede realizarse con recursos muy accesibles.

Una biblioteca, una computadora compartida, teléfonos celulares o incluso una carpeta de trabajo pueden convertirse en instrumentos de investigación.

La diferencia no está necesariamente en el equipamiento.

Está en la calidad de las preguntas.

La Universidad de Pekín también está incorporando la inteligencia artificial a sus propuestas educativas.

En 2026, su School of Journalism and Communication desarrolló un programa de innovación educativa que incluye inteligencia artificial, comunicación creativa y experiencias de enseñanza basadas en problemas reales, con participación de otras universidades y organizaciones.

Además, PKU participa en una iniciativa internacional de innovación educativa basada en inteligencia artificial que busca identificar experiencias aplicadas a contextos educativos reales, incluyendo herramientas para enseñanza y aprendizaje, desarrollo docente e innovación pedagógica.

Esto muestra una evolución interesante.

La conversación ya no gira solamente alrededor de si la inteligencia artificial debe entrar o no al aula.

La pregunta empieza a ser otra: ¿cómo incorporarla de manera que mejore la experiencia educativa sin reemplazar los procesos intelectuales que la escuela necesita desarrollar?

Una buena respuesta puede comenzar por utilizar la IA como objeto de análisis.

Los estudiantes pueden comparar una respuesta producida por una herramienta con información de libros o fuentes institucionales. Pueden detectar errores. Pueden modificar una consigna y observar cómo cambia la respuesta. Pueden discutir qué información debería verificarse.

Así, la herramienta deja de ser una máquina que entrega respuestas y se transforma en un recurso para aprender a pensar.

Hay otra enseñanza importante en el caso de PKU: modernizar no significa copiar modelos extranjeros.

La Universidad de Pekín mantiene una fuerte conexión con la historia y la cultura china mientras desarrolla una mirada internacional. Su propuesta para estudiantes extranjeros, por ejemplo, busca que el contacto con China se produzca mediante cursos, investigación, experiencias culturales y comprensión del contexto local.

Esta combinación puede inspirar una idea especialmente valiosa para las escuelas: antes de importar una innovación educativa, hay que preguntarse cómo se adapta a la comunidad.

Una metodología que funciona en Beijing no necesariamente tendrá el mismo resultado en Buenos Aires, Córdoba, Salta o cualquier otra localidad.

Pero sus principios pueden reinterpretarse.

Si una universidad utiliza investigación, interdisciplinariedad, internacionalización y tecnología, una escuela puede preguntarse cómo traducir esas cuatro dimensiones a su propia realidad.

La respuesta puede ser completamente diferente según cada institución.

Y eso no constituye un problema.

Es justamente el sentido de una innovación educativa contextualizada.

Una de las ideas más atractivas que puede extraerse de la experiencia de la Universidad de Pekín es que la modernización del conocimiento no depende exclusivamente de grandes inversiones.

Una escuela puede crear proyectos interdisciplinarios con los docentes que ya tiene.

Puede desarrollar investigaciones con información pública.

Puede establecer intercambios virtuales con otras instituciones.

Puede utilizar herramientas digitales gratuitas.

Puede convertir la biblioteca en un espacio de investigación.

Puede incorporar inteligencia artificial para analizar información y discutir sus limitaciones.

Puede organizar encuentros con especialistas de universidades, empresas, organizaciones sociales o familias.

Puede desarrollar proyectos vinculados con problemas reales de la comunidad.

La tecnología puede acompañar ese proceso, pero no constituye el punto de partida.

El punto de partida es una concepción diferente del aprendizaje.

La gran enseñanza de la Universidad de Pekín

La experiencia de la Universidad de Pekín muestra que tradición y modernización no tienen por qué enfrentarse.

Una institución puede conservar una identidad cultural muy fuerte y, al mismo tiempo, desarrollar investigación avanzada. Puede estudiar literatura clásica y trabajar con inteligencia artificial. Puede formar especialistas y promover una educación general. Puede mirar hacia China y, simultáneamente, construir vínculos con el mundo.

Esa combinación resulta particularmente valiosa para la educación del siglo XXI.

Porque el futuro no necesita estudiantes que solamente sepan utilizar las herramientas del presente.

Necesita personas capaces de aprender herramientas nuevas, formular preguntas, investigar, conectar disciplinas, comprender otras culturas y utilizar el conocimiento para interpretar situaciones complejas.

Ese puede ser el verdadero mensaje de la Universidad de Pekín: modernizar la educación no significa abandonar lo que una sociedad sabe y es. Significa ampliar ese conocimiento para que pueda dialogar con un mundo nuevo.

Y quizás allí esté una de las claves más importantes para cualquier escuela: no intentar convertirse en otra institución, sino convertirse en una versión más preparada de sí misma.

La tradición puede aportar identidad.

La investigación puede aportar profundidad.

La tecnología puede aportar nuevas posibilidades.

La mirada internacional puede ampliar horizontes.

Y la interdisciplinariedad puede ayudar a unir todo lo anterior.

Cuando esas dimensiones se encuentran, la modernización educativa deja de ser una moda y comienza a convertirse en una cultura institucional.