Por: Maximiliano Catalisano
¿Qué sucede cuando una universidad deja de pensar el conocimiento como algo que permanece dentro de sus aulas y comienza a utilizarlo para transformar la realidad? La experiencia de la Universidade de São Paulo (USP), una de las instituciones académicas más importantes de América Latina, permite explorar esa pregunta desde una perspectiva especialmente valiosa para el futuro de la educación. Su modelo combina investigación científica, formación profesional, cultura y extensión universitaria para conectar los aprendizajes con las necesidades de la sociedad. Y su mayor enseñanza es que el impacto educativo no depende únicamente de los recursos disponibles, sino también de la capacidad de construir proyectos que vinculen el conocimiento con los problemas reales de las personas.
Fundada el 25 de enero de 1934, la USP es una universidad pública del estado de São Paulo, Brasil. Su estructura reúne facultades, institutos de investigación, hospitales, bibliotecas, museos y centros especializados distribuidos en distintas ciudades. La institución desarrolla actividades en una amplia variedad de disciplinas y participa de manera destacada en la producción científica brasileña. Según sus datos institucionales, cuenta con más de 60.000 estudiantes de grado y cerca de 30.000 estudiantes de posgrado, además de una extensa red de investigación y formación académica.
Sin embargo, para comprender su aporte a la educación contemporánea no alcanza con observar su tamaño o su producción científica. Lo más interesante es analizar cómo una universidad pública puede relacionar la formación de sus estudiantes con los desafíos económicos, sociales, ambientales y culturales de su entorno.
La universidad como motor de transformación social
La Universidad de São Paulo permite comprender que la educación superior puede cumplir una función que trasciende la preparación para una profesión. Su misión institucional contempla la producción y difusión del conocimiento, la investigación, la innovación, la cultura y la extensión universitaria. Estos componentes se relacionan entre sí para que los aprendizajes puedan contribuir al desarrollo de la sociedad.
La extensión universitaria constituye uno de los ejes más interesantes de esta propuesta. Se trata de actividades que conectan a la comunidad académica con personas, organizaciones e instituciones externas. Pueden incluir cursos abiertos, proyectos culturales, acciones de salud, iniciativas ambientales, asesoramiento especializado y propuestas desarrolladas junto con comunidades que enfrentan necesidades concretas.
Esta perspectiva transforma la relación entre universidad y sociedad. La comunidad deja de ser solamente destinataria de información y puede participar en la identificación de problemas, la construcción de respuestas y la evaluación de los resultados.
La USP cuenta con una amplia trayectoria en este campo. Su Carta de Servicios reúne información sobre propuestas educativas, atención sanitaria, actividades culturales, museos y otros servicios disponibles para públicos internos y externos. Muchos de estos recursos son gratuitos, lo que permite acercar parte de la actividad universitaria a personas que no necesariamente cursan una carrera.
La enseñanza para otras instituciones educativas es clara: el conocimiento adquiere una dimensión social más amplia cuando se comparte, se adapta a las necesidades de las personas y se convierte en una herramienta para comprender y mejorar la realidad.
Uno de los principios que permiten interpretar el modelo de la USP es la conexión entre enseñanza, investigación y extensión. Estas tres dimensiones pueden funcionar como partes de una misma experiencia formativa.
La enseñanza proporciona conceptos, herramientas y marcos de interpretación. La investigación permite formular preguntas, contrastar información y producir nuevos conocimientos. La extensión crea oportunidades para poner esos saberes en relación con situaciones concretas y con personas que viven problemas diferentes.
Cuando estas dimensiones se articulan, los estudiantes pueden comprender mejor para qué sirve aquello que aprenden. Una clase de ciencias, por ejemplo, puede ofrecer los conceptos necesarios para investigar la calidad del agua; un trabajo de campo permite recoger observaciones; y una actividad comunitaria puede ayudar a comunicar los resultados y analizar posibles medidas de prevención.
La universidad también puede aprender de la comunidad. Los conocimientos académicos no reemplazan automáticamente la experiencia cotidiana de quienes habitan un territorio. Por eso, los proyectos de extensión más valiosos son aquellos que escuchan a sus participantes, reconocen las particularidades locales y construyen propuestas con objetivos compartidos.
La USP ha reforzado esta orientación mediante iniciativas que buscan integrar la extensión y la innovación en la formación de grado. En 2026, su programa INOVEX convocó propuestas interdisciplinarias destinadas a relacionar la enseñanza y la investigación con demandas sociales concretas, con participación de estudiantes, docentes y comunidades externas.
Este enfoque muestra que la formación académica puede enriquecerse cuando los estudiantes no solo estudian un problema, sino que también participan en la búsqueda de respuestas y comprenden las consecuencias de sus decisiones.
El impacto social puede convertirse en una estrategia pedagógica cuando los estudiantes trabajan sobre desafíos que existen fuera de los libros de texto.
Una institución educativa puede desarrollar un proyecto sobre el acceso a la información, el cuidado del ambiente, la alimentación saludable, la convivencia digital o la recuperación de espacios públicos. Cada tema permite trabajar contenidos curriculares y, al mismo tiempo, desarrollar habilidades para investigar, argumentar, colaborar y comunicar.
Por ejemplo, una escuela interesada en reducir los residuos puede comenzar con un diagnóstico de lo que sucede durante los recreos. Los estudiantes registran qué materiales se desechan, organizan los datos, investigan alternativas y preparan una propuesta para compartir con las familias y el personal de la institución.
En este caso, matemática permite procesar la información; ciencias naturales aporta conocimientos sobre materiales y ecosistemas; lengua interviene en la elaboración de informes; y educación ciudadana ayuda a analizar responsabilidades individuales y colectivas.
El proyecto no necesita equipamiento sofisticado. Puede desarrollarse con planillas, cuadernos, materiales reutilizados y herramientas digitales gratuitas. Lo importante es que exista una pregunta común, objetivos de aprendizaje claros y una instancia para analizar los resultados.
Este tipo de experiencia también permite revisar la evaluación. En lugar de calificar únicamente el producto final, los docentes pueden observar cómo se formularon las preguntas, qué fuentes se consultaron, cómo se organizaron los datos y de qué manera se justificaron las conclusiones.
La propuesta inspirada en la USP invita a considerar el aprendizaje como un proceso en el que el conocimiento se utiliza para comprender situaciones, dialogar con otros y desarrollar respuestas fundamentadas.
La investigación como herramienta para comprender la realidad
La producción científica es uno de los rasgos más reconocidos de la Universidad de São Paulo. Su estructura reúne grupos de investigación de numerosas áreas y promueve el desarrollo de conocimientos científicos, tecnológicos y sociales. La institución informa que participa de una porción significativa de la producción científica de Brasil y cuenta con una amplia red de investigadores.
Para las escuelas, la enseñanza no consiste en reproducir la escala de esa actividad científica, sino en recuperar algunos de sus procedimientos fundamentales.
Investigar comienza con una pregunta que no puede responderse solamente mediante una opinión. Continúa con la búsqueda de información, la observación de evidencias, la comparación de explicaciones y la revisión de las conclusiones.
Un grupo puede investigar por qué ciertos espacios escolares se utilizan menos que otros. Otro puede analizar cómo se informan los adolescentes sobre temas de actualidad. Una clase puede estudiar las variaciones de temperatura en diferentes sectores del patio o explorar los cambios en los hábitos de lectura.
En todos estos casos, los estudiantes aprenden que una afirmación necesita fundamentos y que una conclusión puede modificarse cuando aparecen nuevos datos.
Esta forma de trabajar también ayuda a desarrollar pensamiento crítico frente a la desinformación y los contenidos generados por inteligencia artificial. Las herramientas digitales pueden facilitar la búsqueda y organización de información, pero es necesario verificar sus respuestas, reconocer sus limitaciones y consultar fuentes identificables.
La investigación escolar no necesita convertirse en una actividad extraordinaria. Puede incorporarse a las clases habituales mediante preguntas bien formuladas, registros sencillos y espacios de discusión.
Otro aspecto significativo de la USP es la variedad de servicios y propuestas que desarrolla fuera de la enseñanza formal. Sus bibliotecas, museos, hospitales, espacios culturales y programas de extensión permiten conectar la actividad universitaria con diferentes sectores de la población. La institución también publica información sobre cursos abiertos y actividades culturales, científicas y educativas.
Este enfoque ayuda a comprender que el impacto social de una institución educativa no se mide solamente por la cantidad de personas que obtienen un título. También importa la forma en que sus conocimientos, instalaciones y capacidades pueden beneficiar a la comunidad.
Una escuela puede adaptar esta idea sin contar con una infraestructura universitaria. Puede abrir una muestra científica para las familias, organizar una biblioteca comunitaria, ofrecer talleres de alfabetización digital, desarrollar actividades artísticas con organizaciones locales o invitar a profesionales del barrio a compartir experiencias.
También puede crear alianzas con bibliotecas públicas, centros culturales, universidades, organizaciones ambientales y servicios de salud. Estas relaciones permiten ampliar las experiencias educativas sin que cada institución tenga que resolver todos los desafíos por cuenta propia.
El punto de partida puede ser una pregunta sencilla: ¿qué conocimientos y capacidades tenemos dentro de nuestra comunidad educativa y cómo podríamos ponerlos al servicio de una necesidad compartida?
La experiencia de la Universidad de São Paulo ofrece ideas que pueden traducirse a proyectos escolares de bajo costo. Para empezar, conviene evitar los planes demasiado amplios y elegir un desafío concreto, cercano a los estudiantes y relacionado con los contenidos curriculares.
El equipo docente puede organizar una propuesta en cuatro momentos. Primero, identificar una necesidad mediante observaciones, conversaciones o datos disponibles. Después, formular una pregunta y establecer qué conocimientos serán necesarios para investigarla. En tercer lugar, desarrollar actividades de búsqueda, análisis y producción. Finalmente, compartir los resultados con la comunidad y revisar qué se aprendió.
Este esquema puede realizarse en unas pocas semanas y ajustarse a los tiempos de cada institución. No requiere contratar especialistas para todas las actividades ni comprar dispositivos nuevos. Puede apoyarse en materiales existentes, recursos públicos, herramientas gratuitas y conocimientos aportados por integrantes de la comunidad.
La evaluación debe contemplar tanto el aprendizaje académico como el proceso de trabajo. Es importante que los estudiantes puedan explicar qué descubrieron, qué dificultades encontraron, qué evidencias utilizaron y qué aspectos de su propuesta podrían mejorarse.
También es necesario evitar que el impacto social se convierta en una promesa exagerada. Un proyecto escolar no resolverá por sí solo un problema estructural del barrio. Sin embargo, puede contribuir a comprenderlo, difundir información confiable, desarrollar capacidades y generar una acción concreta cuyo alcance sea posible evaluar.
La dimensión social del aprendizaje no se define por el tamaño de la intervención, sino por la relación entre lo aprendido, las necesidades identificadas y los resultados que realmente pueden alcanzarse.
El papel de los docentes en una educación conectada con la sociedad
Los proyectos de impacto social requieren una planificación que integre los objetivos curriculares con las necesidades del entorno. En ese proceso, los docentes cumplen una función central: ayudan a delimitar el problema, seleccionar fuentes, organizar las actividades y acompañar la reflexión de los estudiantes.
No es necesario que cada docente se convierta en especialista de todas las áreas involucradas. La colaboración entre colegas permite distribuir responsabilidades y aprovechar los conocimientos de cada disciplina.
Una experiencia puede comenzar con dos asignaturas y ampliarse cuando el equipo identifica nuevas posibilidades. También puede contar con la participación de familias, profesionales, investigadores u organizaciones comunitarias, siempre que exista un propósito educativo definido.
La planificación compartida ayuda a evitar que los proyectos se conviertan en actividades aisladas. Si las tareas están vinculadas con los contenidos del programa, el tiempo dedicado a investigar y producir también contribuye al aprendizaje curricular.
Además, la participación estudiantil debe ser auténtica. Los alumnos necesitan tener oportunidades para formular preguntas, proponer alternativas, tomar decisiones acordes con su edad y explicar lo que hicieron. Cuando todo está resuelto de antemano por los adultos, se pierde una parte importante del valor formativo de la experiencia.
La Universidad de São Paulo permite comprender que la investigación, la enseñanza y la extensión pueden formar parte de una misma visión educativa. Su trayectoria muestra cómo una institución pública puede producir conocimientos, formar profesionales y mantener vínculos con la sociedad mediante actividades científicas, culturales, sanitarias y educativas.
Para las escuelas, el desafío consiste en trasladar esta perspectiva a su propia escala. No se trata de imitar una universidad de grandes dimensiones, sino de construir experiencias donde aprender también signifique investigar el entorno, comprender diferentes puntos de vista y aportar respuestas posibles a necesidades reales.
Una clase puede convertirse en el comienzo de un proyecto comunitario. Una investigación puede ayudar a desmontar un prejuicio. Una producción artística puede recuperar la memoria de un barrio. Una actividad científica puede mejorar la comprensión de un problema ambiental.
Estas experiencias no reemplazan la enseñanza sistemática de contenidos. La complementan y permiten que los estudiantes comprendan cómo utilizar aquello que aprenden.
En un escenario de transformaciones tecnológicas y sociales, la educación necesita mantener una relación activa con el mundo que la rodea. La experiencia de la USP ofrece una referencia para construir ese vínculo: formar personas capaces de investigar, pensar con fundamentos, colaborar con otros y utilizar sus conocimientos para participar de manera responsable en la sociedad.
La transformación puede comenzar con recursos modestos, una pregunta relevante y un equipo dispuesto a trabajar de manera coordinada. Cuando la escuela abre sus puertas a la comunidad y convierte sus contenidos en herramientas para comprender la realidad, el aprendizaje puede trascender el aula y adquirir un sentido que acompañe a los estudiantes durante toda su vida.
