Por: Maximiliano Catalisano

Cuando un grupo de WhatsApp de padres comienza con mensajes irónicos, acusaciones o comentarios que apuntan contra un hijo, un docente o una familia, el ambiente escolar entero se ve afectado. Lo que empieza como un espacio para coordinar tareas o compartir avisos termina generando tensiones que pasan del chat al aula, a la convivencia diaria y, sobre todo, al bienestar emocional de los chicos. Por eso, comprender cómo identificar, frenar y prevenir situaciones de ciberbullying dentro de estos grupos se volvió indispensable. Hoy, cualquier adulto puede formar parte de un problema sin darse cuenta, y también puede ser quien marque un camino más sano. Esta nota te acompaña paso a paso para entender qué hacer, cómo actuar y qué marco legal existe en Argentina para intervenir de manera responsable sin aumentar las disputas.

El uso cotidiano de WhatsApp convirtió a los grupos de padres en una herramienta clave para organizar la vida escolar. Sin embargo, la falta de moderación, la rápida circulación de mensajes y la velocidad con la que se generan malentendidos transformaron estos espacios en terreno fértil para conflictos que dejan marcas profundas. El ciberbullying entre adultos no solo afecta a quienes participan del chat: también reproduce modelos negativos para los estudiantes, quienes observan cómo se relacionan los adultos que deberían guiarlos.

Cómo identificar el ciberbullying entre adultos

El ciberbullying en grupos de padres no siempre aparece como insultos directos. Muchas veces se manifiesta a través de ironías, comentarios repetidos sobre el desempeño de un niño, acusaciones hacia docentes, difusión de información privada o mensajes que buscan sumar a otros a una crítica colectiva. Este tipo de interacciones, sostenidas en el tiempo, generan un clima hostil y dañino.

Detectarlo a tiempo implica observar señales como:

  • mensajes que exponen a un estudiante sin su consentimiento;
  • burlas o acusaciones públicas hacia una familia;
  • captura y reenvío de conversaciones privadas para generar presión;
  • exigencias o reclamos en tono agresivo hacia el docente o la institución;
  • rumores que se comparten como si fueran información confirmada.

Aunque parezcan situaciones menores, su repetición y la falta de límites terminan afectando emocionalmente a quien recibe el daño y generan un espacio tóxico que se traslada al mundo offline.

El impacto en los estudiantes y en la convivencia escolar

Uno de los errores más frecuentes es pensar que los conflictos entre adultos quedan dentro del chat. Pero los niños perciben tensiones, escuchan conversaciones en casa y sienten el efecto de la violencia digital incluso sin entender completamente lo que sucede. Cuando una familia se siente señalada o un docente es atacado en un grupo, la armonía dentro del aula se altera.

Los estudiantes pueden experimentar ansiedad, vergüenza, inseguridad y rechazo escolar. Además, los modelos de interacción que observan influyen en cómo ellos mismos se relacionarán con sus pares. Si los adultos se atacan entre sí, ¿cómo esperar que los chicos desarrollen conductas respetuosas en sus propios grupos?

Por eso, abordar el ciberbullying entre adultos no es solo un tema de convivencia digital: es una cuestión que atraviesa directamente el proyecto educativo.

El marco legal en Argentina: qué está permitido y qué no

En Argentina, aunque no existe una ley exclusiva sobre ciberbullying en grupos de padres, sí hay normas que se aplican de manera directa. La Ley 26.061 de Protección Integral de los Derechos de las Niñas, Niños y Adolescentes establece que los adultos deben garantizar entornos de cuidado y respeto. Cuando un mensaje en un chat afecta la dignidad de un menor, se está incumpliendo esta obligación.

A su vez, el Código Civil y Comercial contempla sanciones por injurias, difusión de datos personales y daños derivados de la agresión digital. Grabar audios y reenviarlos, publicar el nombre de un niño o atribuir conductas sin pruebas puede constituir un acto lesivo.

También las instituciones educativas cuentan con sus propios acuerdos de convivencia, que regulan el comportamiento de las familias y permiten intervenir cuando el conflicto afecta la vida escolar. Esto habilita a convocar reuniones, solicitar asesoramiento profesional o, en casos extremos, pedir la exclusión de un adulto del grupo institucional.

Comprender este marco permite actuar con mayor seguridad, saber cuáles son los límites y proteger a los estudiantes sin generar enfrentamientos innecesarios.

Cómo intervenir cuando aparece una situación de ciberbullying

Intervenir no significa escalar el conflicto. Existen estrategias que permiten actuar de forma responsable y reducir el daño.

Lo primero es evitar responder en caliente. Un mensaje impulsivo puede empeorar la situación. Es preferible guardar evidencia (capturas o mensajes) y luego buscar una intervención más madura.

El segundo paso es hablar por privado con la persona que inició la agresión. Muchas veces el conflicto surge por malentendidos, y un mensaje directo, claro y respetuoso ayuda a desactivar la tensión.

Si la agresión involucra al hijo de otra familia o a un docente, es fundamental avisar a la institución para que acompañe el proceso. La escuela tiene la obligación de proteger el ambiente escolar y puede mediar, convocar a las partes o intervenir a través del equipo de orientación.

En casos más graves, donde se comparten datos personales, insultos reiterados o amenazas, se puede realizar una denuncia digital o pedir asesoramiento profesional. No es necesario llegar a esa instancia para corregir la situación, pero es importante saber que existe esa opción si se vulneran derechos.

Cómo prevenir el ciberbullying en grupos de padres

La prevención se basa en reglas claras, comunicación respetuosa y límites que todos los adultos puedan comprender. Elaborar normas de uso del grupo ayuda a ordenar y anticipar posibles conflictos. Algunas pautas recomendadas:

  • usar el grupo solo para temas vinculados a la escuela;
  • evitar acusaciones públicas;
  • no compartir información privada sin autorización;
  • consultar primero por privado antes de exponer un problema ante todos;
  • frenar cualquier mensaje que ataque a un niño o docente.

Estas reglas pueden ser parte del acuerdo de convivencia de la institución y presentarse al inicio del ciclo lectivo. Cuanto más claras estén, menos espacio hay para los malentendidos.

Además, la escuela puede ofrecer talleres breves sobre convivencia digital para familias. No implica una gran inversión y genera un fuerte impacto positivo: ayuda a tomar conciencia y construir un clima escolar más sano.

Una oportunidad para mejorar la comunicación escolar

Aunque los conflictos en grupos de WhatsApp generan desgaste, también pueden convertirse en una oportunidad. Cuando las familias y la institución acuerdan cómo comunicarse, los chicos reciben un mensaje poderoso: los adultos también aprenden, se equivocan, reparan y construyen modos más saludables de relacionarse.

El objetivo no es prohibir el uso de WhatsApp, sino promover un espacio más humano. La comunicación digital puede ser útil, rápida y sencilla si está organizada y cuidada. Y cuando los adultos se comprometen con un trato respetuoso, toda la comunidad educativa se beneficia.