Por: Maximiliano Catalisano
Hablar de educación en Paraguay es hablar, inevitablemente, de bilingüismo. El guaraní y el castellano conviven no solo en la vida cotidiana, sino también en las aulas, donde se expresan historias familiares, identidades culturales y modos de comprender el mundo. Lejos de ser una particularidad menor, esta convivencia lingüística plantea uno de los desafíos pedagógicos más significativos del sistema educativo actual. Enseñar en dos lenguas no es traducir contenidos de una a otra, sino construir puentes de sentido que permitan a los estudiantes aprender sin renunciar a su forma de nombrar la realidad.
El aula bilingüe es un espacio complejo y profundamente rico. En ella, los alumnos llegan con distintos niveles de dominio de ambas lenguas, con experiencias previas diversas y con vínculos emocionales distintos hacia el guaraní y el castellano. Comprender esta diversidad lingüística es el primer paso para diseñar propuestas pedagógicas que no excluyan, no simplifiquen y no invisibilicen ninguna de las dos lenguas.
El guaraní como lengua viva dentro de la escuela
Durante muchos años, el guaraní fue relegado al ámbito familiar o informal, mientras que el castellano ocupaba el lugar central en la enseñanza. Hoy, esta mirada está siendo revisada, y cada vez más docentes comprenden que el guaraní no es un obstáculo para el aprendizaje, sino una puerta de entrada al conocimiento. Cuando el estudiante puede aprender desde su lengua materna, el proceso resulta más cercano, más comprensible y más significativo.
Integrar el guaraní en el aula no implica abandonar el castellano, sino reconocer que ambas lenguas cumplen funciones complementarias. El desafío pedagógico está en encontrar el equilibrio, en decidir cuándo y cómo usar cada lengua para favorecer la comprensión, la expresión y el pensamiento crítico.
Estrategias didácticas para un aula realmente bilingüe
Una enseñanza bilingüe sólida requiere planificación consciente. No alcanza con alternar idiomas de manera espontánea. Es necesario definir propósitos claros para cada lengua, considerando el área, el contenido y el momento de la clase. En algunos casos, el guaraní puede ser la lengua de inicio, aquella que permite explorar ideas previas, mientras que el castellano puede acompañar procesos de formalización o producción escrita.
El uso de materiales bilingües, la lectura de textos en ambas lenguas y la producción oral y escrita combinada son recursos valiosos cuando se integran de manera natural. Estas estrategias permiten que los estudiantes desarrollen competencias comunicativas amplias sin sentir que una lengua invalida a la otra.
El rol docente frente al bilingüismo cotidiano
El docente que trabaja en un aula bilingüe no necesita ser un experto lingüista, pero sí un mediador sensible y atento. Su actitud frente a las lenguas transmite mensajes potentes. Cuando el guaraní es valorado, respetado y utilizado con naturalidad, los estudiantes fortalecen su autoestima lingüística y cultural.
Aceptar errores, permitir mezclas iniciales y acompañar procesos de construcción lingüística es parte del trabajo diario. El aula bilingüe no es un espacio de corrección permanente, sino un lugar donde se aprende a comunicar mejor, progresivamente y sin temor a equivocarse.
La alfabetización en contextos bilingües
Uno de los momentos más delicados de la educación bilingüe es el proceso de alfabetización. Definir en qué lengua iniciar la lectura y la escritura es una decisión pedagógica que debe considerar el contexto sociolingüístico de los estudiantes. En muchos casos, comenzar desde el guaraní facilita la comprensión del sistema de escritura y fortalece el vínculo con el aprendizaje escolar.
Lejos de generar confusión, una alfabetización bien acompañada en contextos bilingües amplía las capacidades cognitivas de los estudiantes y favorece el desarrollo de habilidades metalingüísticas. El desafío está en sostener este proceso con continuidad y coherencia a lo largo de la trayectoria escolar.
La familia y la comunidad como aliadas del aula bilingüe
La enseñanza en guaraní y castellano no se limita a la escuela. Las familias y la comunidad cumplen un rol central en la transmisión y valoración de las lenguas. Cuando la escuela dialoga con estos actores, el proceso educativo se fortalece. Escuchar a las familias, reconocer sus prácticas lingüísticas y sumar sus saberes permite construir una educación más cercana y real.
El aula bilingüe se potencia cuando deja de ser un espacio aislado y se conecta con la vida cotidiana de los estudiantes. Proyectos comunitarios, relatos locales y saberes populares pueden convertirse en recursos pedagógicos de enorme valor.
Desafíos actuales y oportunidades futuras
El Paraguay moderno enfrenta el desafío de sostener su identidad bilingüe en un contexto de cambios sociales, tecnológicos y culturales acelerados. La escuela tiene la oportunidad de ser un espacio donde esta identidad se cuide, se actualice y se proyecte hacia el futuro. Para ello, es necesario acompañar a los docentes con formación continua, materiales adecuados y espacios de reflexión pedagógica.
Lejos de ser una carga, el aula bilingüe puede convertirse en un laboratorio pedagógico donde se ensayan nuevas formas de enseñar y aprender. Cuando el guaraní y el castellano conviven con respeto y sentido pedagógico, el aprendizaje se vuelve más profundo y más conectado con la realidad de los estudiantes.
Enseñar en dos lenguas para aprender mejor
El desafío del aula bilingüe no se resuelve con recetas rápidas ni soluciones aisladas. Se construye día a día, con decisiones pedagógicas conscientes, con escucha activa y con una mirada que valore la riqueza lingüística del Paraguay. Enseñar en guaraní y castellano es, en definitiva, enseñar desde la identidad, desde la historia y desde la realidad concreta de quienes habitan el aula.
Cuando la escuela asume este desafío con compromiso y creatividad, el bilingüismo deja de ser un problema a resolver y se transforma en una oportunidad educativa de enorme valor para el presente y el futuro.
