Por: Maximiliano Catalisano

¿Qué deberían aprender hoy los chicos para desenvolverse en un mundo que todavía no conocemos? Las profesiones cambian, la inteligencia artificial transforma tareas cotidianas, aparecen nuevas actividades laborales y los problemas sociales y ambientales requieren respuestas cada vez más complejas. En este escenario, la escuela enfrenta un desafío que va mucho más allá de incorporar computadoras o enseñar a utilizar aplicaciones: necesita preparar a sus estudiantes para pensar, crear, resolver problemas, convivir y seguir aprendiendo durante toda la vida. Los sistemas educativos que miran hacia el futuro ya están revisando sus propuestas para desarrollar nuevas competencias. La buena noticia es que muchas de ellas pueden trabajarse con proyectos, actividades colaborativas y recursos disponibles, sin depender de grandes inversiones.

De transmitir contenidos a desarrollar capacidades para la vida

Durante mucho tiempo, la enseñanza estuvo organizada alrededor de la transmisión de conocimientos y su reproducción en evaluaciones. Los contenidos siguen siendo fundamentales: nadie puede analizar información, resolver problemas o comprender la realidad sin contar con saberes sólidos. Sin embargo, el contexto actual exige que los estudiantes también aprendan a utilizar esos conocimientos en situaciones nuevas.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) desarrolla el proyecto Future of Education and Skills 2030/2040, que propone reflexionar sobre los conocimientos, las habilidades, las actitudes y los valores que las nuevas generaciones necesitan para construir su futuro. Su marco conocido como Learning Compass 2030 plantea que los estudiantes deben desarrollar autonomía, bienestar y capacidad para actuar responsablemente en contextos cambiantes. No se trata de establecer un programa universal, sino de ofrecer orientaciones que cada país pueda adaptar a su realidad.

Esta perspectiva implica revisar qué sucede dentro del aula. Una clase no debería limitarse a comprobar si un alumno recuerda una definición, sino ofrecer oportunidades para que pueda explicar, comparar, argumentar, investigar, crear y tomar decisiones fundamentadas. El conocimiento adquiere mayor sentido cuando se transforma en una herramienta para comprender el entorno y participar en él.

Una de las capacidades más necesarias será el pensamiento crítico. En una sociedad donde circulan millones de datos, noticias, imágenes y contenidos generados mediante inteligencia artificial, los estudiantes necesitan aprender a distinguir información confiable, reconocer opiniones, identificar argumentos y verificar fuentes. No alcanza con encontrar una respuesta en internet: es necesario preguntarse quién la produjo, con qué evidencia y con qué propósito.

La creatividad también ocupa un lugar destacado. No consiste solamente en realizar actividades artísticas, sino en imaginar alternativas, formular preguntas diferentes y encontrar soluciones ante situaciones que no tienen una respuesta única. Los proyectos interdisciplinarios, los desafíos de diseño y la resolución de problemas cotidianos permiten ejercitar esta capacidad desde los primeros años de escolaridad.

Otra competencia indispensable es la alfabetización digital. Comprender cómo funcionan las tecnologías, utilizar herramientas de manera responsable, proteger los datos personales y reconocer los riesgos de los entornos virtuales forma parte de la formación ciudadana. La inteligencia artificial agrega una dimensión nueva: los alumnos necesitan conocer sus posibilidades, pero también comprender sus limitaciones, detectar errores y evitar que una herramienta reemplace su propio razonamiento.

A estas capacidades se suman la comunicación y la colaboración. Expresar ideas con claridad, escuchar diferentes puntos de vista, construir acuerdos y trabajar con otras personas son aprendizajes necesarios tanto para la vida social como para el mundo laboral. La escuela puede desarrollarlos mediante debates, investigaciones compartidas, exposiciones y proyectos en los que cada integrante asuma responsabilidades.

También será necesario fortalecer la educación socioemocional. Reconocer las propias emociones, manejar la frustración, pedir ayuda, desarrollar perseverancia y afrontar cambios son recursos que acompañan el aprendizaje durante toda la vida. La OCDE, en su Education Policy Outlook 2025, destaca la importancia de cultivar la curiosidad, la confianza, el propósito y las capacidades sociales y digitales para sostener el aprendizaje a lo largo de distintas etapas de la vida.

Por último, la educación ambiental y la comprensión de los desafíos globales adquieren mayor relevancia. El cambio climático, el uso de los recursos naturales, la producción de alimentos y la transformación de las ciudades requieren conocimientos científicos, capacidad de análisis y participación responsable. Trabajar estos temas desde distintas materias permite relacionar lo que se aprende en la escuela con problemas concretos del presente.

Qué están proponiendo los organismos internacionales

Las investigaciones y los marcos internacionales coinciden en que el futuro educativo no depende de enseñar únicamente herramientas tecnológicas. La UNESCO, en su informe Trends Shaping Education 2025, analiza las transformaciones sociales, ambientales, económicas, políticas y tecnológicas que influyen sobre los sistemas educativos. Entre los temas que plantea se encuentran la inteligencia artificial, la realidad virtual, los cambios en el trabajo y las nuevas formas de participación y comunicación.

Por su parte, el Foro Económico Mundial, en su informe The Future of Jobs Report 2025, examina cómo las transformaciones tecnológicas, económicas y ambientales modifican las competencias que demandan las actividades laborales. La lectura de estos cambios ofrece una señal para las escuelas: la formación necesita combinar conocimientos técnicos con capacidades humanas que permitan adaptarse, aprender y resolver situaciones complejas.

La OCDE también publicó en 2025 el documento What should teachers teach and students learn in a future of powerful AI?, donde propone revisar qué conocimientos y capacidades deben priorizarse ante el avance de la inteligencia artificial y la robótica. La pregunta ya no es solamente cómo incorporar estas tecnologías, sino cómo transformar las experiencias de aprendizaje para que los estudiantes puedan comprenderlas y utilizarlas con criterio.

La transformación no requiere comenzar con dispositivos costosos ni plataformas sofisticadas. Muchas propuestas pueden desarrollarse con materiales habituales y una planificación que conecte los contenidos con experiencias significativas.

Una actividad sencilla consiste en presentar un problema de la comunidad, como el desperdicio de agua, la acumulación de residuos o la falta de espacios verdes. Los estudiantes pueden investigar sus causas, consultar distintas fuentes, realizar entrevistas, organizar información y elaborar propuestas. En un mismo proyecto trabajan pensamiento crítico, comunicación, creatividad, colaboración y educación ambiental.

Otra alternativa es incorporar debates sobre noticias y contenidos digitales. El docente puede seleccionar publicaciones sobre un mismo acontecimiento y pedir que los alumnos comparen sus fuentes, identifiquen datos verificables y reconozcan diferencias entre información y opinión. De esta manera, la alfabetización mediática se integra con las prácticas de lectura, escritura y ciudadanía.

También es posible utilizar herramientas digitales gratuitas o disponibles en las instituciones para crear presentaciones, organizar investigaciones y producir materiales. La clave está en que la tecnología tenga una finalidad pedagógica definida. Una actividad no mejora automáticamente por realizarse en una pantalla: necesita objetivos claros, acompañamiento docente y oportunidades para reflexionar sobre lo aprendido.

Para sostener estas propuestas, los equipos docentes pueden acordar algunas competencias transversales y trabajarlas en distintas materias. Así, la comunicación no queda limitada a Lengua, el razonamiento no pertenece exclusivamente a matemática y la ciudadanía digital no depende de una única clase de informática. Cada área aporta conocimientos propios y contribuye a una formación más completa.

El docente también necesita prepararse para el cambio

El futuro de la educación no se construye únicamente a partir de nuevas tecnologías o reformas curriculares. También requiere acompañar a los docentes, ofrecer formación continua y generar espacios institucionales para compartir experiencias. La planificación interdisciplinaria, la evaluación formativa y el uso responsable de recursos digitales demandan tiempo para aprender, probar y revisar las prácticas.

El marco Teaching Compass de la OCDE pone el foco en las competencias profesionales, el bienestar y la capacidad de acción de los educadores. Esta mirada reconoce que los maestros y profesores también necesitan aprender durante toda su trayectoria profesional para acompañar transformaciones que afectan directamente su trabajo.

En las escuelas argentinas, avanzar puede significar comenzar con pequeños cambios: revisar una actividad, incorporar una pregunta que exija argumentar, proponer una investigación grupal o enseñar a verificar información digital. Lo importante es que estas experiencias no sean acciones aisladas, sino parte de una planificación compartida y sostenida.

Preparar a las nuevas generaciones significa ofrecerles conocimientos sólidos y, al mismo tiempo, herramientas para utilizarlos en escenarios que todavía no podemos anticipar. La escuela seguirá siendo un espacio fundamental para aprender ciencias, matemática, historia, lengua y cultura, pero también deberá generar oportunidades para investigar, crear, colaborar y tomar decisiones responsables.

El desafío no consiste en adivinar cuáles serán las profesiones del mañana, sino en formar personas capaces de aprender durante toda la vida y participar activamente en una sociedad en transformación. Con proyectos interdisciplinarios, formación docente y recursos accesibles, las instituciones pueden empezar a construir ese camino sin esperar grandes presupuestos. El futuro de la educación comienza en las decisiones pedagógicas que se toman hoy.