Por: Maximiliano Catalisano
En una misma aula, algunos estudiantes comprenden un tema después de una explicación, otros necesitan más ejemplos y algunos requieren tiempo adicional para relacionar los conceptos. ¿Cómo puede un docente atender estas diferencias sin multiplicar su trabajo ni aumentar los gastos de la escuela? La inteligencia artificial abre nuevas posibilidades para preparar actividades variadas, ofrecer ejercicios de práctica y diseñar distintas formas de explicar un contenido. Bien utilizada, permite avanzar hacia una educación personalizada que reconoce los diferentes ritmos de aprendizaje sin renunciar al trabajo colectivo. La oportunidad consiste en aprovechar estas herramientas con objetivos claros, recursos accesibles y una condición indispensable: que las decisiones pedagógicas sigan en manos de los docentes.
Qué significa personalizar la enseñanza con inteligencia artificial
La educación personalizada busca que cada estudiante encuentre oportunidades adecuadas para aprender, practicar, recibir devoluciones y avanzar. No significa crear una escuela diferente para cada alumno ni abandonar los contenidos comunes. Se trata de reconocer que las personas pueden necesitar distintos caminos para comprender un mismo tema.
La inteligencia artificial puede ayudar a preparar esos caminos. Un docente puede solicitar ejemplos adicionales para explicar las fracciones, ejercicios graduados para practicar comprensión lectora o preguntas que permitan analizar un problema desde distintas perspectivas. Después debe revisar los materiales, comprobar su precisión y adaptarlos al curso.
También puede utilizarse para organizar actividades de refuerzo, proponer preguntas de autoevaluación o generar explicaciones alternativas cuando una primera presentación no resulta suficiente. De esta manera, una misma secuencia didáctica puede ofrecer diferentes oportunidades de práctica sin exigir que el profesor redacte cada recurso desde cero.
La personalización no consiste en dejar que una aplicación determine qué debe aprender cada alumno. El programa puede aportar sugerencias, pero es el docente quien interpreta las respuestas, observa las dificultades y decide qué intervención resulta apropiada. El contexto familiar, las experiencias previas, las emociones y las relaciones dentro del aula no pueden reducirse a una serie de datos.
La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos analiza el potencial de las tecnologías de inteligencia artificial para ofrecer apoyo personalizado y retroalimentación, al mismo tiempo que advierte sobre los riesgos vinculados con la privacidad, la autonomía docente y la disminución de las interacciones humanas si las herramientas se utilizan sin criterios pedagógicos claros.
Una primera aplicación consiste en preparar actividades con distintos niveles de dificultad. En matemática, por ejemplo, el docente puede diseñar una serie de ejercicios sobre porcentajes que comience con situaciones sencillas y avance hacia problemas que exijan interpretar descuentos, comparar precios o calcular aumentos. Los estudiantes trabajan sobre un objetivo compartido, pero pueden recibir prácticas diferentes según lo que necesiten reforzar.
Una segunda posibilidad es explicar un mismo contenido de varias maneras. Si un concepto científico resulta complejo, la inteligencia artificial puede ayudar a producir una explicación breve, una analogía cotidiana y una secuencia de preguntas. El profesor selecciona la versión más adecuada y verifica que las simplificaciones no introduzcan errores.
En lengua, puede proponer preguntas de comprensión literal, inferencial y crítica sobre un texto. En ciencias sociales, puede generar interrogantes que ayuden a comparar perspectivas históricas. En idiomas, puede preparar diálogos de práctica y ejercicios de vocabulario adaptados al nivel del grupo.
Una tercera alternativa es ofrecer devoluciones durante el proceso. El docente puede utilizar herramientas digitales para elaborar criterios de revisión, ejemplos de respuestas y preguntas orientadoras. En vez de limitarse a señalar que una producción está incompleta, puede indicar qué aspecto necesita revisarse y qué pasos podrían ayudar al estudiante a mejorarla. Cuando se utiliza inteligencia artificial para generar comentarios, estos deben ser revisados antes de entregarlos.
La cuarta aplicación es proponer desafíos relacionados con los intereses del alumnado. Un mismo contenido de ciencias naturales puede trabajarse a partir del cuidado de las mascotas, la alimentación, el ambiente o el deporte. La inteligencia artificial puede ayudar a diseñar ejemplos vinculados con esos contextos, siempre que el docente conserve los objetivos curriculares y evite utilizar información personal innecesaria.
Por último, la tecnología puede colaborar con la organización de actividades de recuperación y profundización. A partir de los errores observados en una evaluación, el docente puede preparar nuevas oportunidades de práctica para quienes todavía necesitan apoyo y problemas más complejos para quienes ya dominan el contenido. No se trata de clasificar permanentemente a los estudiantes, sino de ofrecer apoyos flexibles que puedan cambiar a medida que aprenden.
La personalización del aprendizaje forma parte de los debates educativos en distintos países. Las experiencias internacionales muestran que las herramientas digitales pueden integrarse de diversas maneras, según los objetivos curriculares, la formación docente y los recursos disponibles.
En Singapur, las estrategias nacionales de tecnología educativa contemplan el uso de recursos digitales para acompañar el aprendizaje y desarrollar capacidades para trabajar de forma autónoma. En Estonia, las competencias digitales se incorporan a diferentes áreas curriculares. Corea del Sur, por su parte, impulsó iniciativas relacionadas con materiales digitales y sistemas de aprendizaje apoyados por inteligencia artificial, aunque su implementación ha generado debates sobre los beneficios, los costos y las condiciones de uso.
Estas experiencias no significan que la inteligencia artificial garantice mejores resultados en todos los contextos. Cada sistema debe analizar qué herramientas responden a sus necesidades y cómo comprobar su aporte. Una aplicación que funciona en una institución con conectividad estable y acompañamiento técnico puede no ser apropiada para una escuela con recursos limitados.
Para Argentina, la enseñanza más valiosa es que la personalización puede comenzar con pequeños cambios pedagógicos. No hace falta reproducir una política extranjera completa ni adquirir plataformas especializadas para preparar diferentes ejemplos, organizar actividades de refuerzo o ofrecer oportunidades adicionales de práctica.
Cómo personalizar el aprendizaje sin gastar de más
Una de las principales ventajas de comenzar con herramientas accesibles es que la escuela puede probar la propuesta antes de comprometer recursos económicos. Las versiones gratuitas de algunas aplicaciones permiten generar borradores de actividades, preguntas, ejemplos y materiales de práctica. Sus condiciones de acceso pueden cambiar, por lo que conviene revisar los límites de uso, las edades permitidas y las políticas de privacidad antes de incorporarlas.
Una estrategia práctica consiste en elegir una sola unidad didáctica. El docente identifica un contenido que suele presentar dificultades, prepara una actividad común y utiliza la inteligencia artificial para elaborar dos o tres variantes. Luego revisa los materiales, los aplica y observa qué ocurre.
Por ejemplo, en una secuencia sobre comprensión lectora, todos los estudiantes pueden trabajar con el mismo texto, pero contar con diferentes apoyos: un glosario, preguntas orientadoras, consignas de interpretación o un desafío de análisis más profundo. La personalización se construye mediante apoyos flexibles, no mediante una separación rígida del grupo.
También es posible compartir los materiales entre colegas. Una carpeta institucional organizada por materia, año y contenido permite reutilizar ejercicios y evitar que cada profesor tenga que producir recursos similares de manera independiente. De este modo, el tiempo invertido en una actividad puede beneficiar a varios cursos.
Cuando la escuela dispone de pocos dispositivos, el docente puede organizar turnos, trabajar en pequeños grupos o utilizar los materiales generados para preparar versiones impresas. La personalización no debe depender de que cada alumno tenga una computadora o un teléfono propio.
La inteligencia artificial puede generar propuestas, pero no conoce por completo la historia escolar de un estudiante ni comprende todas las circunstancias que influyen en su aprendizaje. Por eso, las herramientas deben utilizarse como apoyo y no como reemplazo de la observación, el diálogo y la intervención profesional.
Un sistema automático puede sugerir que un alumno necesita practicar una habilidad, pero esa conclusión debe analizarse junto con sus producciones, su participación y las actividades realizadas. Una respuesta incorrecta puede deberse a una dificultad conceptual, una consigna poco clara, una distracción o un problema de acceso al material. No todos esos casos requieren la misma intervención.
La formación docente es necesaria para comprender las posibilidades y limitaciones de estas aplicaciones. La UNESCO publicó un marco de competencias en inteligencia artificial para docentes que organiza capacidades relacionadas con el enfoque centrado en las personas, la ética, los fundamentos tecnológicos, la pedagogía y el aprendizaje profesional. El documento puede servir como referencia para planificar capacitaciones y construir acuerdos institucionales.
Además, los docentes deben enseñar a los estudiantes a revisar las respuestas generadas por inteligencia artificial. Contrastar fuentes, detectar afirmaciones dudosas, explicar los procedimientos y justificar las conclusiones son prácticas que fortalecen el pensamiento crítico y evitan que la tecnología se convierta en un atajo que limite el aprendizaje.Inteligencia artificial en el aula: estrategias para personalizar el aprendizaje
La personalización suele asociarse con la recopilación de información sobre los avances y las dificultades de los estudiantes. Sin embargo, compartir datos personales con una herramienta digital puede generar riesgos si no se conocen sus condiciones de almacenamiento y utilización.
Por eso, no deben ingresarse nombres completos, calificaciones, domicilios, informes personales ni otros datos sensibles en servicios que no hayan sido evaluados y autorizados por la institución. Es preferible trabajar con ejemplos ficticios o información anonimizada cuando se diseñan actividades y materiales.
La escuela también necesita definir cuándo puede utilizarse inteligencia artificial, cómo se revisarán los resultados y qué información deben declarar los estudiantes cuando reciben ayuda de estas herramientas. Las pautas deben ser comprensibles, adecuadas a cada edad y coherentes con los objetivos de aprendizaje.
Cómo saber si la personalización realmente funciona
Para comprobar el aporte de una propuesta, conviene establecer qué se espera mejorar antes de comenzar. Puede tratarse de una mayor comprensión de un concepto, menos errores en un procedimiento o más autonomía para resolver una tarea.
El docente puede comparar las producciones iniciales con las posteriores, revisar qué dificultades persisten y preguntar a los estudiantes qué apoyos les resultaron útiles. También debe observar cuánto tiempo requiere preparar los materiales y si la herramienta simplifica el trabajo o agrega tareas innecesarias.
Si los resultados no mejoran, la solución no siempre es incorporar otra aplicación. Quizás sea necesario modificar las consignas, dedicar más tiempo a una explicación o cambiar la forma de acompañar al grupo. La tecnología es un recurso dentro de una propuesta pedagógica más amplia, no una solución automática.
La educación personalizada con inteligencia artificial puede ayudar a que cada estudiante encuentre mejores oportunidades para practicar, comprender y avanzar. Su mayor aporte no está en reemplazar al docente ni en crear recorridos completamente separados, sino en facilitar diferentes apoyos dentro de una experiencia educativa compartida.
Para las escuelas argentinas, el camino puede comenzar con una actividad, una herramienta accesible y una pregunta concreta: ¿qué necesitan aprender mejor nuestros estudiantes y cómo podemos acompañarlos? Con planificación, revisión profesional y cuidado de los datos, es posible innovar sin grandes inversiones y construir una enseñanza más atenta a las necesidades reales de cada aula.
