Por: Maximiliano Catalisano

¿Qué pasaría si un docente pudiera invitar a un colega a observar una de sus clases, recibir una devolución constructiva y descubrir nuevas maneras de enseñar, sin que esa experiencia se convierta en una inspección ni en una evaluación administrativa? La observación entre pares propone justamente eso: transformar el intercambio entre maestros y profesores en una oportunidad concreta para revisar las prácticas, resolver dificultades y enriquecer los aprendizajes. En lugar de sumar formularios, reuniones interminables o informes que terminan archivados, esta estrategia aprovecha un recurso que todas las escuelas ya tienen: la experiencia profesional de sus propios equipos.

La propuesta forma parte de distintas experiencias de desarrollo profesional en el mundo. Consiste en que dos docentes acuerden observar una clase con un propósito definido, registren aspectos específicos de la enseñanza y conversen después sobre lo sucedido. No se trata de buscar errores ni de establecer quién enseña mejor, sino de mirar una situación cotidiana desde otra perspectiva para identificar fortalezas, preguntas y posibles mejoras.

Los datos internacionales muestran que todavía existe una oportunidad importante para ampliar esta práctica. Según el informe Results from TALIS 2024, de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), solo el 9 % de los docentes declara observar clases de otros colegas y ofrecerles devoluciones al menos una vez al mes, en promedio entre los sistemas educativos participantes. En algunos lugares, como Vietnam, Uzbekistán y Shanghái, esta modalidad de colaboración es mucho más frecuente. El mismo informe señala que las relaciones profesionales de apoyo se asocian con una mayor satisfacción laboral y con mejores posibilidades de alcanzar los objetivos de las clases.

Para las escuelas argentinas, esta información abre una posibilidad concreta: incorporar espacios de aprendizaje entre colegas sin depender de programas costosos ni crear nuevas estructuras administrativas. La clave está en organizar la observación con objetivos claros, tiempos razonables y acuerdos que protejan la confianza profesional.

Qué es la observación entre pares y por qué puede transformar una clase

La observación entre pares es una estrategia de formación situada. En lugar de aprender exclusivamente a través de cursos, conferencias o materiales teóricos, los docentes analizan situaciones reales de enseñanza dentro de su propio contexto escolar.

Un maestro puede invitar a otro a observar cómo presenta una consigna, cómo distribuye la participación entre los estudiantes o qué hace cuando una actividad genera dificultades. En secundaria, dos profesores pueden analizar las preguntas que utilizan para promover el razonamiento, las intervenciones de los alumnos o las estrategias para comprobar si comprendieron un contenido.

La diferencia con una evaluación tradicional está en el propósito. La observación entre pares no busca calificar al docente observado ni producir un informe para establecer sanciones. Su finalidad es generar información útil para reflexionar sobre la práctica y tomar decisiones pedagógicas.

Por ejemplo, un profesor puede sentir que sus explicaciones son demasiado extensas y que pocos estudiantes participan. En lugar de intentar resolverlo únicamente a partir de sus impresiones, acuerda con un colega observar cuántos alumnos intervienen, qué tipo de preguntas favorecen las respuestas y cuánto tiempo se dedica a la exposición. Después, ambos analizan lo registrado y consideran alternativas.

La observación no ofrece una verdad definitiva sobre una clase. Es una mirada parcial, situada en un momento específico. Sin embargo, cuando se combina con la experiencia del docente, las producciones de los estudiantes y la reflexión posterior, puede aportar información que de otro modo pasaría inadvertida.

La OCDE viene estudiando las formas de colaboración docente mediante su encuesta internacional TALIS. En el informe correspondiente a 2018, la organización señaló que el intercambio de materiales y las conversaciones sobre el progreso de estudiantes eran prácticas más extendidas que las modalidades de colaboración que requieren una participación más directa, como observar clases y ofrecer devoluciones.

En ese mismo informe, el 71 % de los docentes que habían recibido retroalimentación manifestó que esta había sido útil para su práctica, en promedio entre los sistemas educativos participantes. La organización también destacó que las modalidades de devolución basadas en distintas fuentes de información podían ayudar a los docentes a comprender mejor su trabajo.

Los datos no significan que cualquier observación produzca mejoras automáticamente. La utilidad depende de cómo se realiza, de la calidad de la conversación posterior y de la posibilidad de poner en práctica lo aprendido. Una visita improvisada, sin un objetivo acordado, puede generar incomodidad y aportar poca información. En cambio, una observación breve, centrada en una pregunta concreta, permite trabajar sobre un aspecto que el docente realmente desea revisar.

Los sistemas educativos que promueven formas de colaboración profesional ofrecen una enseñanza aplicable a otros contextos: el aprendizaje entre docentes necesita convertirse en una práctica habitual, no quedar limitado a jornadas especiales o proyectos excepcionales. Para lograrlo, las escuelas deben proteger el tiempo de intercambio y evitar que la observación se confunda con una instancia de control.

Cómo organizar una observación entre pares en tres pasos

Una de las ventajas de esta estrategia es que puede ponerse en marcha con recursos disponibles en la institución. No exige contratar especialistas externos, adquirir plataformas ni diseñar extensos informes. Lo importante es acordar una secuencia sencilla.

Antes de la clase, los docentes conversan durante unos minutos para elegir el aspecto que desean observar. Puede ser la claridad de las consignas, la participación de los estudiantes, el uso del tiempo, las preguntas que promueven el pensamiento o las estrategias para acompañar diferentes ritmos de aprendizaje. También acuerdan qué información registrará el observador.

Durante la clase, el colega observa sin intervenir en la actividad, salvo que se haya establecido otra modalidad. Su tarea consiste en registrar hechos relacionados con el objetivo acordado, no emitir juicios generales. Si se busca analizar la participación, por ejemplo, puede anotar cuántos estudiantes responden, qué tipos de preguntas se formulan y qué oportunidades existen para que intervengan quienes suelen permanecer en silencio.

Después de la clase, ambos conversan sobre lo observado. Primero, el docente comparte cómo vivió la experiencia y qué aspectos le interesa revisar. Luego, el colega presenta sus registros y formula preguntas que ayuden a interpretar lo sucedido. Finalmente, acuerdan una alternativa para probar en otra clase y deciden si conviene repetir la observación.

Esta secuencia puede desarrollarse en encuentros breves. La devolución no necesita convertirse en un documento extenso: alcanza con registrar el objetivo, dos o tres observaciones relevantes y el próximo paso acordado. Si la escuela ya utiliza una agenda compartida o una carpeta pedagógica, esos recursos pueden servir para conservar los acuerdos sin generar nuevas tareas.

Uno de los principales riesgos aparece cuando una propuesta de colaboración empieza a acumular requisitos. Formularios demasiado largos, planillas duplicadas, informes obligatorios y reuniones para revisar documentos pueden terminar consumiendo el tiempo que la iniciativa buscaba recuperar.

Para evitarlo, la escuela debe partir de una pregunta sencilla: ¿qué información necesitamos para que el docente pueda revisar su práctica? Todo registro debería responder a esa necesidad. Si un dato no ayuda a comprender la clase ni a decidir un próximo paso, probablemente no sea necesario incorporarlo.

También conviene limitar la cantidad de objetivos por observación. Intentar analizar simultáneamente la planificación, la convivencia, la evaluación, la participación y el uso de recursos hace que la experiencia pierda foco. Es preferible trabajar sobre un aspecto por vez y profundizarlo en encuentros sucesivos.

Otro punto importante es respetar la confidencialidad. Los registros deben utilizarse para el propósito acordado y no circular informalmente como comentarios sobre el desempeño de un compañero. Los docentes necesitan saber quién tendrá acceso a la información y qué uso se hará de ella.

La conducción escolar debe explicar con claridad que la observación entre pares es una herramienta de aprendizaje profesional y que no reemplaza los procedimientos formales de evaluación previstos por las normas vigentes. Si la institución mezcla ambos propósitos sin explicarlo, puede debilitar la confianza y desalentar la participación.

En una escuela primaria, dos docentes del mismo ciclo pueden observar cómo se presenta una consigna de escritura y qué apoyos ayudan a que los estudiantes comiencen la actividad. Después, pueden comparar las respuestas obtenidas y diseñar una versión más clara de la consigna.

En secundaria, un profesor de ciencias naturales puede invitar a un colega a registrar qué preguntas realizan los estudiantes durante una experiencia práctica. El intercambio posterior puede ayudar a revisar cómo se presentan las hipótesis, qué explicaciones requieren mayor desarrollo y qué oportunidades existen para que los alumnos argumenten a partir de sus observaciones.

También es posible organizar observaciones entre áreas diferentes. Un profesor de lengua y otro de historia, por ejemplo, pueden analizar cómo se acompaña la lectura de textos complejos o cómo se ayuda a los estudiantes a justificar una interpretación. La diversidad de perspectivas puede aportar nuevas ideas sin necesidad de que ambos enseñen la misma asignatura.

Para comenzar, la escuela puede proponer una experiencia voluntaria entre dos o tres parejas de docentes durante un período breve. Al finalizar, los participantes comparten qué aprendieron, cuánto tiempo demandó la actividad y qué ajustes harían para repetirla. Si los resultados son útiles, la iniciativa puede ampliarse progresivamente.

El papel de los equipos directivos es facilitar los encuentros, organizar los tiempos y cuidar que la propuesta no se transforme en una obligación administrativa. También pueden ayudar a vincular los temas observados con las prioridades pedagógicas institucionales, siempre que los docentes conserven un espacio real para decidir qué aspectos de su práctica desean revisar.

Una escuela que aprende también entre adultos

La observación entre pares permite reconocer que la formación docente no ocurre solamente fuera de la escuela. Una parte importante del aprendizaje profesional puede construirse dentro del aula, a partir de preguntas concretas, conversaciones respetuosas y experiencias compartidas.

Cuando los docentes intercambian miradas sobre sus clases, dejan de depender exclusivamente de la reflexión individual y pueden descubrir alternativas que no habían considerado. Al mismo tiempo, quienes observan también aprenden: conocen otras maneras de explicar un contenido, organizar una actividad o acompañar a un grupo.

Para que esa experiencia tenga continuidad, no hacen falta grandes presupuestos. Se necesita tiempo protegido, un propósito claro, registros sencillos y una cultura institucional en la que pedir una devolución no sea motivo de vergüenza. La confianza no se construye de un día para otro, pero puede fortalecerse cuando los acuerdos se cumplen y la información se utiliza de manera responsable.

La observación entre pares no resolverá por sí sola todos los desafíos educativos. Sin embargo, puede ayudar a mejorar decisiones cotidianas de enseñanza, fortalecer los vínculos profesionales y aprovechar mejor el conocimiento que ya existe en cada institución. En lugar de sumar burocracia, propone algo más valioso: que los docentes aprendan unos de otros para que cada clase se convierta en una oportunidad de revisión, crecimiento y mejora continua.