Por: Maximiliano Catalisano
En las aulas cubanas conviven cuadernos gastados, libros heredados de generaciones anteriores y pantallas que, de manera progresiva, comienzan a ocupar un lugar en la experiencia educativa. Esta convivencia no está exenta de tensiones, pero también abre oportunidades inéditas para repensar cómo se enseña y cómo se aprende en un contexto atravesado por transformaciones tecnológicas globales y limitaciones materiales concretas. La alfabetización digital, entendida como el conjunto de saberes necesarios para comprender, usar y reflexionar críticamente sobre las tecnologías, se ha convertido en uno de los grandes desafíos del sistema educativo cubano actual.
Hablar de alfabetización digital en Cuba no implica copiar modelos externos ni suponer escenarios de abundancia tecnológica. Muy por el contrario, supone pensar estrategias situadas, realistas y pedagógicamente sólidas que permitan integrar lo digital sin desplazar el valor histórico del libro, la oralidad y el vínculo docente-estudiante. El desafío no es reemplazar, sino articular. Entre libros y bytes, la escuela cubana busca caminos propios para formar ciudadanos capaces de leer el mundo contemporáneo.
Un contexto educativo marcado por la creatividad y la adaptación
El sistema educativo cubano se caracteriza por una fuerte tradición pedagógica y por la capacidad de adaptación frente a contextos complejos. En este marco, la incorporación de tecnologías digitales se ha dado de manera gradual y con múltiples matices según el nivel educativo, la región y la disponibilidad de recursos. La alfabetización digital no siempre se apoya en dispositivos personales ni en conectividad constante, sino en propuestas que apelan a la creatividad docente y al uso pedagógico del tiempo compartido en la escuela.
Esta realidad obliga a ampliar la mirada sobre lo digital. No se trata solo de aprender a usar una computadora o un programa específico, sino de desarrollar habilidades cognitivas, comunicativas y culturales que permitan comprender cómo circula la información, cómo se construye el conocimiento y cómo se participa en entornos mediados por tecnología. En este sentido, la alfabetización digital puede comenzar incluso sin pantallas, a través del análisis de mensajes, la resolución de problemas y el trabajo colaborativo.
El rol docente frente a la alfabetización digital
Los docentes cubanos ocupan un lugar central en este proceso. Son ellos quienes traducen las políticas educativas en prácticas concretas y quienes, día a día, buscan estrategias para acercar a los estudiantes al mundo digital sin perder el sentido pedagógico. Este rol exige formación continua, reflexión crítica y, sobre todo, acompañamiento institucional.
Muchos docentes han aprendido junto a sus estudiantes, explorando herramientas disponibles, adaptando contenidos y resignificando prácticas tradicionales. La alfabetización digital, en este contexto, no se presenta como un saber cerrado, sino como un proceso en construcción permanente. La escuela se transforma así en un espacio donde aprender implica también experimentar, preguntar y revisar.
Estudiantes y cultura digital en la Cuba actual
Los estudiantes cubanos, al igual que sus pares de otros países, están expuestos a narrativas digitales, lenguajes audiovisuales y formas de comunicación que exceden el aula. Aunque el acceso no sea homogéneo, la cultura digital circula y genera expectativas, intereses y nuevas maneras de vincularse con el conocimiento. La escuela tiene el desafío de reconocer estas experiencias y ofrecer marcos de comprensión que permitan un uso consciente y reflexivo de la tecnología.
La alfabetización digital cobra aquí un sentido profundamente educativo: ayudar a los estudiantes a discernir información, a comprender el valor de las fuentes, a expresarse de manera responsable y a utilizar la tecnología como herramienta para aprender y crear. No se trata de consumir pasivamente contenidos, sino de construir saberes con criterio y responsabilidad social.
Libros y tecnología: una convivencia necesaria
Lejos de plantearse como opuestos, los libros y la tecnología pueden dialogar dentro del aula. El libro sigue siendo un pilar del sistema educativo cubano, no solo por su valor simbólico, sino por su potencia formativa. La alfabetización digital no busca desplazarlo, sino complementarlo, ampliando las posibilidades de acceso al conocimiento y enriqueciendo las prácticas de lectura y escritura.
En este cruce, aparecen experiencias pedagógicas donde los textos impresos se combinan con producciones digitales, debates orales y actividades colaborativas. Estas propuestas permiten fortalecer la comprensión lectora, el pensamiento crítico y la capacidad de expresión, integrando distintos lenguajes sin perder profundidad conceptual.
Desafíos actuales y proyecciones posibles
El camino hacia una alfabetización digital sólida en el sistema educativo cubano presenta desafíos evidentes. La disponibilidad de recursos, la actualización tecnológica y la formación docente continua son aspectos que requieren atención sostenida. Sin embargo, también existen fortalezas que permiten pensar en proyecciones posibles: una tradición pedagógica sólida, un fuerte compromiso docente y una concepción de la educación como derecho social.
Pensar la alfabetización digital desde esta perspectiva implica asumir que no hay soluciones mágicas ni recetas universales. Cada escuela, cada aula y cada docente construyen respuestas situadas, ajustadas a su realidad. En este proceso, la reflexión pedagógica resulta tan importante como la herramienta tecnológica utilizada.
Alfabetizar para comprender el presente y pensar el futuro
La alfabetización digital en la Cuba actual no es un fin en sí mismo, sino un medio para formar sujetos capaces de comprender el mundo que habitan. Entre libros y bytes, la escuela sigue siendo un espacio de encuentro, diálogo y construcción colectiva de sentido. Integrar lo digital con mirada pedagógica permite ampliar horizontes sin perder identidad, fortaleciendo una educación que mira al futuro sin renunciar a su historia.
En un contexto global donde la tecnología avanza a gran velocidad, apostar por una alfabetización digital consciente, crítica y situada es una decisión pedagógica de largo alcance. Cuba, con sus particularidades, tiene la oportunidad de seguir construyendo un camino propio, donde el conocimiento se teje entre páginas impresas y saberes digitales, siempre con la educación como horizonte transformador.
