Por: Maximiliano Catalisano

Hablar de educación y tecnología en América Latina sin mencionar a Uruguay resulta casi imposible. A veinte años del inicio del Plan Ceibal, el país se convirtió en una referencia concreta y observable de cómo una política sostenida puede transformar prácticas pedagógicas, abrir nuevas oportunidades de aprendizaje y redefinir el vínculo entre escuela, tecnología y sociedad. Este recorrido no es solo una historia de dispositivos entregados, sino una construcción progresiva de saberes, hábitos y formas de pensar que hoy posicionan a Uruguay como un verdadero laboratorio regional en pensamiento computacional y robótica educativa.

Desde sus primeros pasos, el Plan Ceibal tuvo un objetivo claro: garantizar el acceso a la tecnología como puerta de entrada al conocimiento. Sin embargo, con el paso del tiempo, esa meta inicial evolucionó hacia algo más profundo. Ya no se trata únicamente de tener una computadora o una conexión a internet, sino de desarrollar capacidades cognitivas, resolver problemas, crear soluciones y comprender el funcionamiento del mundo digital que atraviesa la vida cotidiana de los estudiantes. En este sentido, el pensamiento computacional se consolidó como uno de los ejes más relevantes del programa.

Pensar computacionalmente no implica formar programadores desde la infancia, sino promover una manera ordenada y creativa de abordar problemas. En las aulas uruguayas, esta perspectiva se tradujo en actividades que estimulan la descomposición de tareas complejas, el reconocimiento de patrones, la abstracción y la construcción de algoritmos simples. Estas habilidades, lejos de limitarse al área tecnológica, impactan en matemáticas, ciencias, lengua y hasta en la organización personal de los alumnos. El Plan Ceibal entendió tempranamente que estas competencias no son un contenido aislado, sino una forma transversal de aprender.

Un aspecto destacable del modelo uruguayo es su progresividad. A lo largo de los años, el programa fue adaptándose a las distintas etapas educativas, ofreciendo propuestas acordes a la edad y al contexto. Desde juegos de lógica en educación inicial hasta proyectos de programación y robótica en secundaria, el recorrido permite una apropiación gradual del lenguaje tecnológico. Esta continuidad evita saltos bruscos y favorece que los estudiantes construyan confianza en sus propias capacidades.

La robótica educativa ocupa un lugar central en esta evolución. Lejos de ser una actividad reservada para escuelas especiales o proyectos extracurriculares, se integró como una herramienta pedagógica que combina ciencia, tecnología y creatividad. A través del armado y la programación de robots, los estudiantes experimentan, se equivocan, ajustan y vuelven a intentar. Este proceso fortalece la perseverancia, el trabajo colaborativo y la comprensión de conceptos abstractos que, de otro modo, resultarían difíciles de abordar.

Otro elemento clave del Plan Ceibal es su enfoque en la formación docente. Ninguna transformación educativa es posible sin docentes acompañados, capacitados y seguros en el uso de nuevas herramientas. Uruguay apostó por instancias de formación continua, comunidades de práctica y recursos accesibles que permiten a los educadores incorporar tecnología sin perder su identidad pedagógica. Lejos de imponer modelos rígidos, el programa ofrece marcos flexibles que cada docente adapta a su realidad institucional.

En este punto, el Plan Ceibal también se destaca por su uso inteligente de recursos. Muchas de las propuestas de pensamiento computacional y robótica se desarrollan con plataformas gratuitas, kits reutilizables y software de código abierto. Esta estrategia demuestra que innovar no siempre implica grandes inversiones, sino decisiones bien pensadas y sostenidas en el tiempo. Para otros países de la región, este enfoque resulta especialmente valioso, ya que muestra caminos posibles aun en contextos presupuestarios ajustados.

La dimensión social del programa tampoco puede pasarse por alto. Al llegar a todo el territorio nacional, el Plan Ceibal logró reducir brechas de acceso y generar un lenguaje común entre estudiantes de distintos contextos. La escuela se convirtió en un espacio donde la tecnología no es un privilegio, sino una herramienta cotidiana para aprender y expresarse. Este aspecto refuerza el sentido de pertenencia y la idea de que el conocimiento digital forma parte del derecho a la educación.

A veinte años de su creación, el Plan Ceibal ya no es solo una política pública, sino una cultura educativa. Sus logros no se miden únicamente en indicadores técnicos, sino en la naturalidad con la que los estudiantes abordan desafíos complejos, trabajan en equipo y utilizan la tecnología para crear, no solo para consumir. Uruguay logró construir un ecosistema donde el pensamiento computacional y la robótica dialogan con el currículo, con la realidad social y con las expectativas del futuro.

Para la región, la experiencia uruguaya ofrece aprendizajes concretos. Demuestra que la continuidad de las políticas educativas, la formación docente y el uso estratégico de recursos pueden generar transformaciones reales. Más que copiar modelos, el desafío está en comprender los principios que sostienen al Plan Ceibal y adaptarlos a cada contexto. En ese camino, Uruguay seguirá siendo un espacio de observación privilegiado para quienes buscan repensar la educación en clave digital.