Por: Maximiliano Catalisano

Cada vez más niños y adolescentes llegan a la escuela cansados, distraídos y con dificultades para concentrarse. Algunos se duermen en clase, otros se muestran irritables y muchos tienen problemas para recordar contenidos, participar o sostener la atención durante varias horas. Detrás de estas situaciones, muchas veces aparece un problema silencioso que crece año tras año: la falta de sueño.

Dormir bien no solo sirve para descansar. También es una necesidad para aprender, regular las emociones, crecer y sostener una buena salud física y mental. Sin embargo, el uso constante de celulares, tablets, computadoras y televisión está modificando los hábitos de descanso de millones de estudiantes.

Cada vez es más común que niños y adolescentes se acuesten tarde porque pasan horas mirando videos, usando redes sociales, jugando videojuegos o respondiendo mensajes. El problema no es solamente la cantidad de tiempo frente a una pantalla, sino el momento del día en que ese uso ocurre. Cuando las pantallas se mantienen encendidas hasta minutos antes de dormir, el cuerpo tiene más dificultades para relajarse y prepararse para el descanso.

La higiene del sueño es el conjunto de hábitos que ayudan a dormir mejor. Incluye horarios regulares, ambientes tranquilos, menos estímulos antes de acostarse y rutinas que favorecen el descanso. Así como existen hábitos de higiene para cuidar el cuerpo, también existen hábitos para cuidar el sueño. Tener una rutina ordenada, cenar liviano, evitar bebidas estimulantes y mantener un horario parecido todos los días puede ayudar mucho. Pero uno de los aspectos que más preocupa actualmente es la presencia de pantallas en la noche.

Muchos niños y adolescentes usan el celular en la cama, miran series hasta tarde o se quedan conectados a redes sociales durante horas. Esto altera el sueño de distintas maneras. Las pantallas emiten una luz que puede interferir en la producción de melatonina, una hormona que ayuda al cuerpo a prepararse para dormir. Cuando esa hormona disminuye, resulta más difícil sentir sueño. Por eso, aunque un estudiante esté cansado, puede pasar mucho tiempo despierto después de apagar el celular.

Además, los contenidos que aparecen en redes sociales, videojuegos o videos suelen mantener el cerebro activo. Las emociones, la necesidad de responder mensajes, la curiosidad por seguir mirando contenido o la sensación de no querer perderse nada hacen que muchas personas sigan despiertas más tiempo del necesario. También influye el ruido de las notificaciones. Aunque el estudiante logre dormirse, el sonido de un mensaje o la vibración del teléfono puede interrumpir el descanso varias veces durante la noche. En otros casos, el problema aparece cuando el celular se convierte en lo último que se mira antes de cerrar los ojos y lo primero que se revisa al despertar. Esta dependencia hace que el descanso pierda calidad.

Dormir poco o dormir mal puede afectar el rendimiento escolar de muchas maneras. Un estudiante cansado suele tener menos atención, más dificultades para recordar información y menos paciencia frente a tareas complejas. También puede aparecer irritabilidad, desinterés, falta de motivación o problemas para relacionarse con otros. En algunos casos, los docentes observan que ciertos alumnos parecen desconectados, responden de manera lenta o se muestran inquietos. Muchas veces, detrás de esas conductas no hay falta de interés, sino cansancio acumulado.

El sueño también tiene relación con la memoria. Mientras dormimos, el cerebro organiza información y fortalece aprendizajes. Cuando el descanso es insuficiente, ese proceso se ve afectado. Por eso, pasar horas estudiando hasta tarde puede terminar siendo menos útil que dormir bien. Además, la falta de sueño sostenida puede influir en el estado de ánimo, aumentar el estrés y generar mayor sensación de agotamiento.

Mejorar la higiene del sueño no requiere grandes gastos ni soluciones complejas. En muchos casos, pequeños cambios pueden generar una diferencia importante. Una de las recomendaciones más conocidas es apagar las pantallas al menos una hora antes de dormir. Ese tiempo puede usarse para leer, conversar, escuchar música tranquila, preparar la mochila o simplemente relajarse. También conviene evitar que los celulares queden dentro de la habitación durante la noche. Si el teléfono permanece cerca de la cama, es más probable que el estudiante lo revise varias veces.

Otro aspecto importante es sostener horarios parecidos todos los días, incluso durante los fines de semana. Cuando el cuerpo se acostumbra a una rutina, resulta más fácil conciliar el sueño. Las escuelas también pueden ayudar hablando sobre este tema en clase y explicando la relación entre descanso, salud y aprendizaje. Muchos estudiantes no saben que dormir poco afecta directamente su rendimiento. Por eso, trabajar la higiene del sueño puede convertirse en una propuesta educativa muy útil. No se trata de prohibir la tecnología, sino de aprender a usarla de manera más saludable.

En una época donde las pantallas ocupan gran parte de la vida cotidiana, descansar bien se volvió un desafío para muchas familias. Sin embargo, recuperar hábitos simples puede tener un impacto enorme. Dormir mejor ayuda a pensar con más claridad, a sentirse mejor, a aprender más y a disfrutar de la escuela de otra manera. Muchas veces, cuando un estudiante mejora su descanso, también mejora su humor, su concentración y su participación. Por eso, hablar sobre sueño no es un tema menor. Es una parte importante de la salud y del bienestar de niños y adolescentes. En definitiva, apagar una pantalla un poco antes de dormir puede parecer un cambio pequeño, pero sus efectos pueden sentirse durante todo el día siguiente.