Por: Karina Santangelo
Especialista en Educación | Acompaño a instituciones y equipos educativos a alinear enseñanza, liderazgo y gestión | Amplia trayectoria en dirección de Instituciones Educativas | Coach ICC | Directora de Prisma Docente. www.prismadocente.com Contacto: hola@prismadocente.com
Uno de los dilemas del aula actual no es la falta de contenidos, metodologías o herramientas, sino cómo gestionar el tiempo de clase. El desafío es hacerlo más provechoso para que nuestros alumnos reciban nuestra guía en el aprendizaje e impacte realmente en sus trayectorias escolares.
Redistribuir el bloque horario puede ser una gran puerta de entrada para aprovechar las clases de manera significativa.
Muchas veces dedicamos una parte importante del tiempo a explicar conceptos, procedimientos o términos en el pizarrón. Luego, los estudiantes realizan actividades de asimilación a contrarreloj y, finalmente, dejamos como “tarea” lo que no alcanzaron a resolver en clase.
¿Te suena familiar? No es que esté mal. De hecho, nuestras explicaciones son muy importantes, pero quizá podamos darle un giro.
¿Qué pasa cuando el alumno está en casa haciendo su tarea?
Cuando el estudiante trabaja en su casa, a veces se encuentra solo frente a ejercitaciones de análisis o creación. Estas son, justamente, las que mayor complejidad cognitiva requieren y ahí pueden aparecer barreras, sin nadie que lo oriente.
¿Qué ocurre al día siguiente? El docente suele dedicar la mitad del tiempo a revisar quién hizo la tarea y a resolver dudas dispersas. Es ahí donde surge la sensación de que todo se complejiza aún más y sentimos que no avanzamos.
Invertir la clase es, en el fondo, una decisión estratégica para recuperar el foco de lo esencial y aprovechar el tiempo de aula para guiar y ayudar a pensar. Más que nunca debemos preguntarnos cómo aprenden nuestros alumnos y cómo podemos fortalecer ese proceso, desarrollando sus habilidades y competencias.
Pongamos la Taxonomía de Bloom a trabajar
Cuando se habla de Flipped Classroom o clase invertida, es fácil caer en simplificaciones. Muchos creen que no es sencillo ponerlo en práctica, mientras que otros quizás ya lo hacen sin saber que están implementando este modelo.
Para perfeccionar nuestras prácticas con base teórica, es fundamental tener en cuenta algunos conceptos, porque el verdadero núcleo de este enfoque radica en cómo redistribuye los procesos de trabajo cognitivo según la Taxonomía de Bloom (tomando para el trabajo en casa habilidades de orden inferior y en la clase las de orden superior).
Fuera de la escuela se presenta la etapa previa al aprendizaje (etapa de pre-aprendizaje). Se envían recursos para que el estudiante aborde de manera autónoma las habilidades de orden inferior: conocer y comprender. Estos pueden ser videos breves e interactivos, textos o presentaciones.
En la escuela se libera el tiempo del aula para trabajar las habilidades de orden superior: analizar, evaluar y crear dando espacio a la acción.
La idea central es que los estudiantes lleguen al aula habiendo explorado previamente los conocimientos básicos del tema que se trabajará en profundidad. Así, el docente puede aprovechar el tiempo de clase dando lugar a las experiencias más activas, debates, trabajo colaborativo o actividades que pongan de manifiesto lo aprendido.
Aquí es donde el proceso se transforma. Trasladamos la responsabilidad del aprendizaje al alumno, convirtiéndolo en un actor activo que puede dar cuenta de lo que sabe o no sabe y plantear sus dudas.
El docente será una guía, siendo el experto en el contenido y que, con estrategia metodológica, acompañará el proceso y estará al lado de quien más lo necesita (el estudiante), en el momento en que más lo necesita (el espacio escolar en acción).
¿Cuánto sabés sobre clase invertida?
No importa si es mucho o poco, lo importante es encontrar la punta de un hilo que te lleve a investigar y aprender sobre ello. Internet está plagado de conceptos sobre este modelo, pero para no perder el norte pedagógico es vital desarmar algunos mitos comunes. Para ello vamos a ver lo siguiente:
Lo que NO es:
- No son videos educativos sueltos: el recurso por sí solo no estructura el pensamiento.
- No es el reemplazo de docentes por pantallas: el alumno siempre va a necesitar un maestro que lo guíe.
- No es un envío de tarea sin más: mandar un enlace sin propósito interactivo no transforma la dinámica.
- No es un uso avanzado de herramientas tecnológicas: la tecnología debe ser solución, no obstáculo.
Lo que SÍ es:
- Es un modelo pedagógico que integra otras metodologías activas: funciona como un paraguas estratégico para el aula heterogénea.
- Es la integración de recursos para optimizar el tiempo de clase: se envía contenido antes (generalmente en video) para trabajar destrezas de orden inferior, y en el aula se abordan procesos de orden superior con la guía del docente.
- Es una propuesta interactiva: lo más importante es que en la etapa previa se generen actividades con feedback para luego abordar juntos las dudas y evidenciar las dificultades en el aula.
Regla de oro: Los procesos simples los hacen los alumnos en casa. Los complejos, los que requieren la guía del docente, se realizan en clase.
Niños «On Demand» y el rol de las TIC
Nuestros estudiantes actuales son chicos on demand y suelen estar muy familiarizados con distintas herramientas digitales.
Antes de que las tecnologías sigan “haciendo ruido” en las aulas y actúen como distractores, es necesario sumarlas para que jueguen a nuestro favor, construyendo un aprendizaje activo.
La tecnología tiene que ser un puente para estimular y motivar. Contamos con la ventaja de acercarles distintas maneras de ponerse en contacto con los contenidos antes de llegar a clase, respetando también sus propios tiempos de asimilación.
Todo muy lindo, pero… ¿cómo lo hago?
Seguramente estés entusiasmado con este modelo pedagógico, pero te preguntes cómo podés implementarlo. No voy a darte un paso a paso detallado, pero sí algunas sugerencias para empezar a invertir los tiempos de tu clase.
- Comenzá con algo pequeño. No hace falta embarcarse en un proyecto grande. Empezá con un tema de tu absoluto dominio pedagógico y vivilo como prueba piloto y disfrutá el proceso.
- Utilizá la Taxonomía de Bloom. Determiná las fases cognitivas y pensá qué procesos vas a delegar al tiempo fuera de la escuela y cuáles vas a coliderar en el aula.
- Buscá y elegí distintas herramientas. Los videos no son lo único. Podés crear o seleccionar recursos interactivos. Si no te animás a realizar tus propios videos, podés usar los de otros profesores que los comparten en la web (no olvides mencionarlos).
Un dato clave: Para mí, la vedette del video con feedback es Edpuzzle. Es una excelente herramienta para generar contenido interactivo, breve y dinámico que ofrezca retroalimentación inmediata. Permite incluir preguntas en un video y guiar la mirada del alumno. Hay muchos tutoriales disponibles para aprender a usarla.
Recuerda seleccionar una o dos herramientas para arrancar. Cuando te sientas más seguro, podrás incorporar otras. Puede no salir perfecto la primera vez, pero el diseño pedagógico es un proceso de ajuste permanente. Lo importante es mejorar continuamente.
La planificación como herramienta de acompañamiento
Invertir la clase necesita planificación, no alcanza con elegir el recurso y enviarlo. Es importante darle atención espacial a la planificación de lo que se realizará antes, durante y después.
El antes necesita una consigna clara. Los estudiantes deben saber qué mirar, qué leer, qué registrar o qué pensar. Si el material previo no tiene una orientación, puede quedar reducido a una tarea más.
El durante necesita una propuesta activa. El tiempo de aula debería aprovecharse para trabajar aquello que requiere interacción, acompañamiento y retroalimentación. Allí el docente observa, pregunta, interviene, ajusta y ayuda a que los estudiantes puedan avanzar.
El después necesita alguna forma de cierre. Puede ser una síntesis, una producción, una autoevaluación, una puesta en común o una nueva pregunta. Lo importante es que el recorrido no quede disperso.
La clase invertida requiere una planificación simple, pero intencional. Cada momento tiene que conversar con el siguiente.
El valor de dar el primer paso
La clase invertida es una estrategia que nos permite recuperar el sentido del tiempo en el aula y poner a los estudiantes en el centro del aprendizaje. Al integrar recursos previos podemos enfocar el trabajo del aula en procesos de mayor complejidad y, de esta manera, logramos que la enseñanza se convierta en un espacio de construcción de aprendizajes en las trayectorias escolares de nuestros alumnos.
El desafío está en animarse a dar el primer paso, aunque sea pequeño, y sostener un proceso de mejora continua. Porque trabajar con clase invertida nos permite transformar la manera en que acompañamos a nuestros alumnos en su camino de aprender a aprender. ¿Te animás a darle la vuelta a tu clase?
Si querés profundizar y buscar marcos teóricos que sustenten este metamodelo, te recomiendo el libro Aprender al revés (Editorial Planeta), de Raúl Santiago y Jon Bergmann.
