Por: Maximiliano Catalisano

Durante años, la ciencia, la tecnología y la ingeniería fueron percibidas como espacios lejanos para muchas niñas. No por falta de capacidad, sino por estereotipos, falta de referentes y oportunidades limitadas. Sin embargo, algo está cambiando. En distintos puntos de Argentina y México, surgen iniciativas que buscan acercar el mundo STEM a las niñas desde edades tempranas, demostrando que el interés por la ciencia no es una cuestión de género, sino de oportunidades.

Lo interesante es que muchas de estas propuestas no dependen de grandes presupuestos ni de infraestructura compleja. Se apoyan en ideas simples, compromiso docente y una mirada distinta sobre cómo despertar la curiosidad. Y los resultados comienzan a notarse: más niñas interesadas en experimentar, preguntar, construir y pensar en futuros vinculados a la ciencia.

La baja participación femenina en áreas STEM no es un problema reciente. Durante mucho tiempo, las niñas recibieron menos estímulos para explorar estos campos. Desde juegos hasta comentarios cotidianos, muchas veces se reforzaron ideas como que la ciencia es “difícil” o “no es para ellas”. Esto genera una brecha que comienza en la infancia y se amplía con el tiempo. Por eso, intervenir desde edades tempranas es fundamental. Cuando una niña tiene la oportunidad de experimentar, equivocarse y descubrir, su relación con la ciencia cambia. Deja de ser algo distante y se convierte en una posibilidad real. Además, fomentar estas vocaciones no solo beneficia a las niñas. También enriquece el desarrollo científico, incorporando miradas diversas y nuevas formas de pensar.

En Argentina, distintas propuestas buscan acercar la ciencia a las niñas desde la escuela y la comunidad. Algunas se desarrollan dentro de instituciones educativas, mientras que otras surgen de organizaciones, universidades o grupos independientes. Muchas de estas iniciativas trabajan con talleres prácticos, donde las niñas pueden experimentar con materiales simples. Construyen, prueban, se equivocan y vuelven a intentar. Esto fortalece la confianza y rompe con la idea de que la ciencia es solo teoría. También se promueve el contacto con referentes. Escuchar a mujeres que trabajan en ciencia permite que las niñas se identifiquen y proyecten. Ver a alguien que ya está en ese camino ayuda a imaginar posibilidades. Además, algunas propuestas incorporar tecnología accesible, como programación básica o robótica con recursos económicos. Esto demuestra que no hace falta contar con equipamiento sofisticado para empezar.

En México, también existen múltiples iniciativas que buscan reducir la brecha en STEM. Muchas de ellas trabajan en contextos diversos, incluyendo zonas rurales o comunidades con acceso limitado a recursos. Una característica común es la utilización de metodologías activas. Las niñas aprenden haciendo, investigando y resolviendo problemas concretos. Esto genera mayor interés y participación. También se destacan programas que integran la cultura local. Relacionar la ciencia con la vida cotidiana hace que el aprendizaje sea más significativo. Por ejemplo, trabajar con fenómenos naturales del entorno o problemas reales de la comunidad. Al igual que en Argentina, el rol de las referentes es clave. Mostrar ejemplos reales de mujeres en ciencia ayuda a construir nuevas expectativas.

La escuela tiene un rol central en este proceso. Muchas veces, el primer contacto con la ciencia ocurre en el aula. Por eso, es importante revisar prácticas y propuestas. Incorporar actividades experimentales, promover preguntas y evitar estereotipos son pasos fundamentales. También es importante generar un clima donde las niñas se sientan cómodas participando. A veces, pequeños gestos marcan la diferencia. Dar la palabra, valorar las intervenciones y fomentar la curiosidad son acciones simples pero poderosas. Además, integrar la ciencia con otras áreas puede ampliar el interés. Por ejemplo, vincularla con el arte, la tecnología o la vida cotidiana. Esto permite que más estudiantes encuentren un punto de conexión.

El acompañamiento no depende solo de la escuela. Las familias también cumplen un papel importante. Fomentar la curiosidad, permitir experimentar y valorar el interés por la ciencia son acciones que pueden realizarse en casa. No hace falta tener conocimientos avanzados. Alcanza con acompañar, hacer preguntas y explorar juntos. La comunidad también puede participar. Ferias de ciencia, talleres abiertos o actividades comunitarias son espacios donde las niñas pueden mostrar lo que aprenden y sentirse valoradas. Esto refuerza la motivación y el sentido de pertenencia.

Impulsar la participación de niñas en STEM no es solo una cuestión educativa. También tiene impacto en el desarrollo social y tecnológico. Cuando más personas acceden a estos campos, aumentan las posibilidades de innovación. Pero, sobre todo, se amplían las oportunidades individuales. Una niña que descubre el interés por la ciencia puede construir un proyecto de vida diferente. Puede imaginarse en espacios donde antes no se veía. Y ese cambio de mirada puede comenzar con una experiencia simple: un experimento, una pregunta o un taller.

Lo más interesante de muchas iniciativas en Argentina y México es su sencillez. No se basan en grandes inversiones, sino en propuestas concretas y sostenidas. Un taller, una actividad en clase, un proyecto pequeño puede marcar el inicio de un camino. Cuando se multiplican estas experiencias, el impacto crece. Cada niña que se acerca a la ciencia es una puerta que se abre. Y cada puerta que se abre es una oportunidad para construir un futuro más amplio.