Por: Maximiliano Catalisano
Terminar la secundaria es, para muchos jóvenes, una mezcla de entusiasmo y vértigo. Se abre una etapa nueva, llena de posibilidades, pero también de dudas. ¿Qué estudiar? ¿Cómo saber si esa elección será la correcta? ¿Qué pasa si me equivoco? La presión social, las expectativas familiares y la incertidumbre económica convierten esta decisión en una de las más significativas de la vida. Sin embargo, elegir una carrera después de la secundaria no tiene que ser un salto al vacío. Con información adecuada, autoconocimiento y una estrategia clara, es posible tomar una decisión sólida sin gastar dinero innecesariamente.
El primer paso para no equivocarse es comprender que la elección no debe basarse únicamente en la salida laboral o en tendencias momentáneas. Organismos como la Organización Internacional del Trabajo advierten que el mercado laboral cambia de manera constante debido a transformaciones tecnológicas y económicas. Esto significa que muchas profesiones actuales evolucionarán y surgirán otras nuevas. Por eso, más que elegir “la carrera del futuro”, conviene identificar habilidades personales transferibles: pensamiento crítico, comunicación, capacidad de adaptación y aprendizaje continuo.
Autoconocimiento como punto de partida
Antes de analizar universidades o planes de estudio, es fundamental mirar hacia adentro. ¿Qué materias disfrutabas en la secundaria? ¿En qué actividades pierdes la noción del tiempo? ¿Prefieres tareas analíticas, creativas o sociales? Responder estas preguntas ayuda a construir un mapa personal.
Existen herramientas de orientación vocacional que pueden aportar claridad. Muchas instituciones públicas y privadas ofrecen test gratuitos o entrevistas de asesoramiento. Universidades como la Universidad de Buenos Aires o la Universidad Nacional Autónoma de México disponen de programas de orientación accesibles para estudiantes que aún no están matriculados. Aprovechar estos recursos reduce el riesgo de decisiones impulsivas.
También es útil conversar con profesionales en ejercicio. Escuchar experiencias reales permite comprender cómo es el día a día de una carrera más allá de la descripción académica. Esta información aporta una perspectiva concreta que muchas veces no aparece en los folletos institucionales.
Analizar el mercado sin dejarse dominar por él
La empleabilidad es un factor importante, pero no debe ser el único criterio. Sectores vinculados a tecnología, salud y energías renovables muestran crecimiento sostenido a nivel global, según informes de entidades como el Banco Mundial. Sin embargo, la estabilidad laboral también depende de la capacidad de actualización profesional.
Elegir una carrera únicamente porque “tiene salida” puede generar frustración si no existe interés genuino. El compromiso con el aprendizaje suele sostenerse mejor cuando la motivación es auténtica. El equilibrio entre vocación y proyección laboral es la clave.
Además, conviene analizar la duración de la carrera, la modalidad de cursada y los costos asociados. En muchos países existen opciones de educación pública o becas que permiten estudiar sin endeudarse. Informarse sobre estas alternativas evita decisiones financieras apresuradas.
Explorar antes de decidir
Una estrategia inteligente es explorar antes de comprometerse de forma definitiva. Cursos introductorios, talleres breves y programas online permiten conocer áreas de estudio sin realizar una inversión grande. Plataformas como Coursera o edX ofrecen contenidos gratuitos o de bajo costo que ayudan a probar intereses.
Asimismo, muchas universidades organizan jornadas abiertas y clases de muestra. Asistir a estas actividades permite evaluar el ambiente académico y el enfoque pedagógico.
Otra opción es considerar tecnicaturas o ciclos cortos que luego puedan articularse con carreras de grado. Este recorrido escalonado brinda mayor flexibilidad y reduce el riesgo de abandono temprano.
Aceptar que el camino puede cambiar
Uno de los mayores temores al elegir carrera es equivocarse. Sin embargo, el recorrido profesional actual rara vez es lineal. Cambiar de orientación no significa fracaso, sino ajuste. La UNESCO ha señalado que el aprendizaje a lo largo de la vida es una condición central en el siglo XXI. Esto implica que la formación no termina con un título inicial.
Muchos profesionales complementan su carrera con posgrados, certificaciones o reconversiones. Comprender que la primera elección no determina toda la trayectoria reduce la presión y permite decidir con mayor serenidad.
Lo importante es desarrollar una base sólida de competencias que puedan adaptarse a distintos contextos. La flexibilidad se convierte en un recurso estratégico en un mercado cambiante.
El factor económico y la planificación
El aspecto financiero también influye en la decisión. Analizar costos de matrícula, materiales y transporte permite diseñar un plan realista. Existen becas estatales, ayudas institucionales y programas de financiamiento que pueden aliviar la carga económica.
En algunos casos, combinar estudio y trabajo parcial es una alternativa viable. Planificar horarios y establecer prioridades ayuda a mantener el equilibrio entre responsabilidades académicas y laborales.
Elegir una carrera sin considerar la viabilidad económica puede generar estrés innecesario. Por eso, la información detallada y la planificación previa son fundamentales.
Construir una decisión informada
Elegir una carrera después de la secundaria no se trata de encontrar una opción perfecta, sino de construir una decisión informada. Integrar autoconocimiento, análisis del contexto laboral y evaluación de recursos disponibles permite reducir la incertidumbre.
La orientación adecuada, el diálogo con profesionales y la exploración gradual son herramientas que disminuyen el margen de error. No se trata de adivinar el futuro, sino de prepararse para enfrentarlo con bases sólidas.
En definitiva, la mejor elección será aquella que combine interés genuino, posibilidades reales y apertura al aprendizaje continuo. Con información clara y estrategia, es posible dar este paso decisivo sin gastar de más y con mayor confianza en el camino elegido.
