Por: Maximiliano Catalisano

Cuando se habla de acompañar institucionalmente, no se trata de sumarle más tareas a los equipos docentes ni de imponer estrategias que se copian de un manual. Acompañar es sostener, es estar presente, es mirar con atención lo que sucede en las aulas y en la convivencia diaria para construir juntos un camino posible de mejora. Un plan de acompañamiento institucional bien diseñado es una herramienta que organiza las acciones de la escuela para fortalecer las prácticas de enseñanza, la participación de las familias y el desarrollo de proyectos que permitan a cada estudiante aprender y sentirse parte de la comunidad escolar. Comprender qué es un plan de acompañamiento institucional y cómo se diseña permite a los equipos directivos trabajar de manera clara, con propuestas concretas y con una mirada que ponga a la escuela en movimiento.

Un plan de acompañamiento institucional es un documento de trabajo que orienta las acciones de la escuela para sostener y mejorar las trayectorias escolares de los estudiantes, apoyando a los docentes en su tarea y fortaleciendo los vínculos con las familias. Este plan se construye a partir del análisis de la realidad de la escuela, observando las necesidades y las fortalezas, y proyectando acciones posibles en un tiempo determinado.

Para diseñar este plan, el primer paso es realizar un diagnóstico institucional que contemple la información sobre la asistencia de los estudiantes, los logros de aprendizaje, los proyectos que se desarrollan, las inquietudes del equipo docente y las características de la comunidad. Este diagnóstico no es solo un listado de datos, sino una interpretación que permite identificar aspectos que requieren ser acompañados y sostenidos con acciones concretas.

A partir de este diagnóstico, se definen los objetivos del plan de acompañamiento institucional. Estos objetivos deben ser claros, posibles y relacionados con lo que se observa en la realidad de la escuela. Por ejemplo, si se detecta que algunos estudiantes tienen dificultades de asistencia, un objetivo puede ser fortalecer las estrategias de vinculación con las familias para mejorar la continuidad en las trayectorias escolares.

Una vez definidos los objetivos, se determinan las acciones que se llevarán adelante para acompañar. Estas acciones pueden incluir reuniones de trabajo con los docentes para pensar estrategias de enseñanza, encuentros con las familias para dialogar sobre las trayectorias de los estudiantes, talleres con los estudiantes para reforzar ciertos aprendizajes o la implementación de proyectos específicos para mejorar la convivencia escolar.

El plan de acompañamiento institucional también debe incluir el modo en que se evaluarán las acciones implementadas. Esto permite revisar si lo que se propone tiene impacto en la realidad escolar y si es necesario ajustar las estrategias para seguir avanzando. Las instancias de evaluación pueden realizarse en reuniones de equipo, con devoluciones de los docentes y con el análisis de indicadores como asistencia, participación de las familias y avances en los aprendizajes.

Es importante que este plan sea un documento de uso cotidiano, que no quede guardado en una carpeta, sino que sea revisado y utilizado como guía en las acciones de conducción. Para esto, se recomienda compartirlo con el equipo docente, explicando los objetivos, las acciones propuestas y el modo en que se llevará adelante, generando un espacio de diálogo y participación que fortalezca el sentido de las acciones.

El plan de acompañamiento institucional también debe ser flexible. Es probable que, en el transcurso de su implementación, surjan nuevas necesidades o se identifiquen aspectos que requieren ser ajustados. Contemplar esta flexibilidad permite que el plan sea una herramienta viva, que acompañe los procesos y se ajuste a la realidad de la escuela.

La construcción del plan de acompañamiento institucional no es tarea de una sola persona. Es una propuesta que se diseña en equipo, con la participación de docentes, equipos de orientación, preceptores y, cuando sea posible, con el aporte de las familias. Esta construcción colectiva permite enriquecer el plan, contemplar distintas miradas y asegurar un mayor compromiso en la implementación de las acciones.

Este plan puede articularse con otros proyectos institucionales que ya se desarrollen en la escuela, como el proyecto de convivencia, los acuerdos de convivencia, las trayectorias escolares y los proyectos pedagógicos de cada ciclo o nivel. De este modo, se evita la fragmentación de propuestas y se construye una mirada integral que fortalece el sentido del acompañamiento.

Diseñar un plan de acompañamiento institucional no implica sobrecargar de actividades a la escuela, sino ordenar y dar sentido a lo que ya se realiza, identificando prioridades y definiendo estrategias para trabajar de manera articulada. Es una herramienta que permite planificar con claridad, sostener el trabajo en equipo y construir una escuela que pueda acompañar a cada estudiante, cuidando su derecho a aprender y a ser parte de la comunidad escolar.