Por: Maximiliano Catalisano

Finlandia y el Fenómeno menos, es más: por qué el juego sigue siendo la mejor tarea

En un mundo donde muchas escuelas todavía miden el aprendizaje por la cantidad de tareas enviadas a casa, Finlandia eligió otro camino y los resultados sorprendieron al planeta. Mientras en distintos sistemas educativos se multiplican los deberes, las horas de clase y las exigencias formales desde edades tempranas, el modelo finlandés apostó por algo aparentemente simple: menos tareas, más juego y más tiempo para que los niños sean niños. Lejos de ser una improvisación, esta decisión responde a una concepción pedagógica profunda que entiende el desarrollo infantil como un proceso integral y no como una carrera académica anticipada.

El principio de “menos es más” en la escuela finlandesa

Cuando se habla del fenómeno “menos es más” en Finlandia, no se trata de reducir contenidos sin criterio ni de bajar expectativas académicas. Se trata de reorganizar prioridades. En los primeros años de escolaridad, el juego no es una pausa entre momentos “serios” de aprendizaje, sino el vehículo principal para construir conocimientos, habilidades sociales y regulación emocional.

En Finlandia, la educación formal comienza a los 7 años. Antes de esa edad, el foco está puesto en el desarrollo socioemocional, la exploración, la curiosidad y el aprendizaje a través de experiencias lúdicas. Las jornadas escolares son más breves que en muchos otros países y las tareas domiciliarias son mínimas, especialmente en primaria. La lógica es clara: el cerebro infantil necesita alternancia entre concentración y descanso, entre desafío y disfrute.

Este enfoque se apoya en evidencia científica sólida. Diversas investigaciones en neurociencia y psicología del desarrollo señalan que el juego favorece la consolidación de aprendizajes, estimula la creatividad y fortalece funciones ejecutivas como la planificación y el autocontrol. El juego simbólico, por ejemplo, permite ensayar roles sociales, resolver conflictos y construir lenguaje en contextos significativos.

Menos tareas, más aprendizaje significativo

Uno de los aspectos que más llama la atención del modelo finlandés es la escasa carga de deberes para el hogar. En muchos sistemas educativos, las tareas se convierten en una extensión automática del horario escolar, generando tensiones familiares y agotamiento en los estudiantes. Finlandia, en cambio, considera que el tiempo fuera de la escuela también es formativo y debe incluir descanso, actividad física y vida en familia.

El aprendizaje no se mide por la cantidad de hojas completadas, sino por la comprensión real de los contenidos. Cuando las tareas existen, suelen ser breves, pertinentes y pensadas para consolidar lo trabajado en clase, no para introducir temas nuevos sin acompañamiento docente.

Esta concepción impacta en la motivación. Los estudiantes no asocian la escuela con una carga interminable de obligaciones, sino con un espacio de descubrimiento. La motivación intrínseca —el deseo de aprender por interés propio— se cultiva cuando el entorno no está saturado de exigencias externas permanentes.

El juego como arquitectura del desarrollo

En Finlandia, el recreo no es un momento accesorio. Los niños tienen pausas frecuentes durante la jornada, muchas veces después de cada bloque de clase. Estas interrupciones permiten que el cerebro procese información y recupere energía. Lejos de interrumpir el aprendizaje, lo potencian.

El juego libre, especialmente al aire libre, ocupa un lugar destacado. Incluso en invierno, los estudiantes salen al patio. Esta práctica favorece la actividad física, la socialización y la autonomía. Desde una perspectiva pedagógica, el juego libre también permite observar habilidades emergentes: liderazgo natural en dinámicas grupales (sin forzar el término como categoría formal), resolución de problemas y creatividad espontánea.

Además, el juego estructurado en el aula se utiliza para enseñar matemáticas, lengua y ciencias. A través de dinámicas colaborativas, simulaciones y desafíos prácticos, los contenidos se integran en experiencias significativas. No se trata de “disfrazar” la clase, sino de reconocer que el aprendizaje activo genera mayor retención y comprensión profunda.

Resultados académicos sin sobrecarga

Uno de los argumentos más potentes a favor del modelo finlandés es que, a pesar de tener menos horas de clase y menos tareas, los estudiantes obtienen resultados académicos sólidos en evaluaciones internacionales. Esto demuestra que más tiempo no siempre implica mejores aprendizajes.

La clave no está en la acumulación, sino en la coherencia del sistema. Los docentes cuentan con alta formación profesional y autonomía para planificar. Las escuelas priorizan el bienestar estudiantil como condición para el aprendizaje. No se persigue la competencia extrema entre alumnos ni la presión constante por rendimientos estandarizados desde edades tempranas.

El fenómeno “menos es más” no propone una escuela laxa, sino una escuela que comprende los ritmos del desarrollo humano. La sobrecarga cognitiva, especialmente en la infancia, puede generar ansiedad, rechazo a la escolaridad y agotamiento prematuro.

Implicancias para otros sistemas educativos

Trasladar el modelo finlandés de manera literal a otros contextos no es posible ni recomendable. Cada país tiene su historia, su cultura y su estructura institucional. Sin embargo, sí es factible extraer aprendizajes estratégicos.

Primero, revisar la función real de la tarea domiciliaria. ¿Aporta valor o responde a una tradición incuestionada? Segundo, reconsiderar el lugar del juego en la escuela primaria y en el nivel inicial. Tercero, analizar la extensión de la jornada y la distribución de pausas. Cuarto, fortalecer la formación docente para diseñar experiencias pedagógicas activas y significativas.

El debate no es ideológico, sino pedagógico. Si el objetivo es mejorar aprendizajes sostenibles, es necesario observar qué prácticas generan resultados consistentes sin sacrificar el bienestar de los estudiantes.

Por qué el juego sigue siendo la mejor tarea

El juego no es una pérdida de tiempo ni un premio después del trabajo “verdadero”. Es una forma natural de aprender. A través del juego, los niños exploran hipótesis, negocian reglas, prueban estrategias y gestionan emociones. Estas competencias son fundamentales para la vida adulta y para el aprendizaje académico posterior.

Finlandia entendió que la infancia no debe comprimirse en un esquema productivista. Al priorizar el desarrollo integral por sobre la acumulación temprana de contenidos, construyó un sistema donde el aprendizaje se sostiene en el tiempo.

En un contexto global donde muchas familias buscan alternativas educativas que no sobrecarguen a sus hijos ni generen estrés innecesario, el modelo finlandés aparece como una referencia sólida. La promesa no es solo mejores resultados, sino una experiencia escolar más saludable y sostenible.

El fenómeno “menos es más” no es una moda pasajera. Es una invitación a repensar qué significa aprender y qué tipo de escuela queremos construir. Cuando el juego ocupa el centro, el aprendizaje deja de ser una obligación impuesta y se transforma en una experiencia genuina de descubrimiento.