Por: Maximiliano Catalisano

Dormí mejor y rendí más sin gastar dinero

Muchos estudiantes intentan mejorar sus notas estudiando más horas, haciendo resúmenes o repasando contenidos una y otra vez. Sin embargo, existe un factor que suele pasar desapercibido y que tiene una enorme influencia sobre la memoria, la atención y el rendimiento: el descanso.

Dormir bien no es un lujo ni una pérdida de tiempo. Es una necesidad para que el cerebro pueda procesar la información, recuperar energía y prepararse para un nuevo día de aprendizaje.

Cuando los niños, adolescentes y jóvenes descansan poco, suelen sentirse cansados, irritables, distraídos y con menos capacidad para recordar lo que estudiaron. Por eso, hablar de higiene del sueño dentro de la educación resulta cada vez más importante.

La escuela puede enseñar matemáticas, historia o ciencias, pero también puede ayudar a formar hábitos saludables que impactan directamente en el bienestar y en el aprendizaje.

Qué es la higiene del sueño

La higiene del sueño es el conjunto de hábitos y condiciones que favorecen un descanso adecuado. No se trata solamente de dormir muchas horas.

También importa la calidad del sueño, la regularidad de los horarios, el ambiente donde se duerme y las rutinas previas al momento de acostarse.

Por ejemplo, acostarse todos los días a una hora similar, evitar pantallas antes de dormir, reducir el consumo de cafeína y mantener una habitación tranquila son prácticas que ayudan a descansar mejor.

Cuando estos hábitos no existen, el sueño suele ser más liviano, interrumpido o insuficiente. Eso afecta directamente la memoria, la concentración y el estado de ánimo.

Por qué el sueño ayuda a recordar mejor

Mientras una persona duerme, el cerebro sigue trabajando. Durante el descanso, organiza la información recibida durante el día, fortalece recuerdos y elimina datos poco importantes.

Por eso, estudiar durante muchas horas y dormir poco suele dar peores resultados que estudiar menos tiempo y descansar adecuadamente.

Las investigaciones muestran que el sueño ayuda a consolidar lo aprendido. Es decir, permite que los contenidos pasen de una memoria temporal a una memoria más duradera.

Cuando un estudiante duerme mal, le cuesta más recordar conceptos, relacionar ideas y resolver problemas. También disminuye la capacidad de atención.

Esto significa que puede leer varias veces un texto sin comprenderlo o distraerse con facilidad en clase.

En cambio, cuando el descanso es suficiente, el cerebro responde mejor, procesa la información con mayor claridad y puede trabajar de manera más ordenada.

Cuántas horas necesitan dormir los estudiantes

La cantidad de horas de sueño varía según la edad. Los niños suelen necesitar entre nueve y once horas por noche. Los adolescentes, entre ocho y diez horas. Sin embargo, muchos jóvenes duermen menos de lo recomendado.

Las tareas, el uso del celular, los videojuegos, las redes sociales o los cambios de horario durante los fines de semana alteran las rutinas.

Además, en la adolescencia existe una tendencia natural a dormirse más tarde. Eso hace que muchos estudiantes lleguen a la escuela con cansancio acumulado.

El problema es que dormir poco durante varios días seguidos no se resuelve solamente con descansar más el fin de semana.

La falta de sueño se va acumulando y puede afectar tanto el aprendizaje como el bienestar emocional.

El impacto de las pantallas antes de dormir

Uno de los hábitos que más perjudica el descanso es el uso de pantallas antes de acostarse. Muchos estudiantes se duermen mirando videos, usando redes sociales o jugando con el celular.

La luz de las pantallas altera la producción de melatonina, una sustancia que ayuda al cuerpo a prepararse para dormir.

Además, el contenido que consumen puede generar ansiedad, excitación o dificultad para relajarse. Por eso, conviene evitar celulares, computadoras y televisores al menos una hora antes de acostarse.

En ese tiempo, es preferible realizar actividades más tranquilas, como leer, escuchar música suave o conversar. También ayuda mantener el celular lejos de la cama para evitar interrupciones durante la noche.

Cómo puede ayudar la escuela

La escuela puede tener un papel importante en la formación de hábitos saludables.

Muchas veces se habla de alimentación, actividad física o cuidado del cuerpo, pero se deja de lado el tema del descanso.

Sin embargo, comprender cómo funciona el sueño puede ayudar a los estudiantes a organizar mejor sus rutinas. Los docentes pueden trabajar este tema en clases de ciencias, tutorías o espacios de convivencia.

También pueden reflexionar con los alumnos sobre el uso de pantallas, la importancia de respetar horarios y la relación entre descanso y aprendizaje.

Las familias también tienen una función muy importante. Cuando existen rutinas estables, horarios claros y límites en el uso de dispositivos, suele ser más fácil sostener buenos hábitos de sueño.

No se trata de prohibir todo, sino de encontrar un equilibrio que permita descansar mejor.

Dormir bien también mejora el estado de ánimo

El descanso no solo influye en la memoria. También impacta en las emociones.

Los estudiantes que duermen poco suelen sentirse más irritables, nerviosos o desanimados. A veces reaccionan con enojo, pierden la paciencia o tienen menos ganas de participar.

En algunos casos, la falta de sueño puede aumentar el estrés y hacer que cualquier problema parezca más grande de lo que realmente es.

Por el contrario, dormir bien ayuda a sentirse con más energía, más tranquilidad y mayor predisposición para enfrentar el día. Esto mejora la convivencia, favorece las relaciones con otros y ayuda a sostener mejor las responsabilidades escolares.

Un hábito simple que puede cambiar mucho

En muchas ocasiones, los estudiantes buscan soluciones rápidas para mejorar su rendimiento. Intentan estudiar hasta tarde, tomar bebidas estimulantes o pasar horas frente a los apuntes.

Pero dormir bien sigue siendo una de las herramientas más importantes para aprender mejor. No cuesta dinero, no requiere grandes esfuerzos y puede generar cambios muy positivos.

La higiene del sueño debería ocupar un lugar más importante dentro de las conversaciones sobre educación. Porque un estudiante cansado difícilmente pueda rendir al máximo de sus posibilidades.

En cambio, cuando descansa bien, tiene más capacidad para recordar, comprender, concentrarse y disfrutar del aprendizaje.