Por: Maximiliano Catalisano

Matemática inicial: de contar a operar con bases sólidas y accesibles

Mucho antes de resolver una suma en el cuaderno, los niños ya están haciendo matemática. Cuando reparten galletitas, comparan quién tiene más juguetes o cuentan los escalones al subir, están construyendo nociones que serán la base de operaciones futuras. Comprender cómo se pasa de contar a operar en matemática inicial permite acompañar mejor ese proceso, tanto en el nivel inicial como en los primeros años de primaria, sin necesidad de materiales costosos ni propuestas sofisticadas.

La matemática inicial no comienza con el algoritmo escrito de la suma o la resta. Empieza con la construcción del número como idea, como herramienta para resolver situaciones reales. Contar no es solo recitar una serie numérica de memoria; implica establecer correspondencia uno a uno, reconocer cantidades y comprender que el último número nombrado representa el total. Este proceso, que se desarrolla en el jardín de infantes, constituye el cimiento sobre el cual se apoyarán las operaciones en primaria.

La construcción del número como punto de partida

En el nivel inicial, el trabajo matemático debe centrarse en la comprensión de cantidad. Cuando el niño logra asociar cada objeto con una palabra-numero y comprende que cinco elementos siguen siendo cinco aunque estén desordenados, está dando pasos significativos hacia el pensamiento matemático.

Las situaciones problemáticas simples, como repartir materiales entre compañeros o determinar cuántos faltan para completar una colección, favorecen esta construcción. No se trata de llenar fichas repetitivas, sino de proponer desafíos contextualizados que obliguen a pensar.

El reconocimiento de los números escritos también forma parte del proceso. Identificar el número en la puerta del aula, en un calendario o en un juego de mesa ayuda a vincular la representación simbólica con la cantidad real. Esta conexión será fundamental cuando en primaria se introduzcan las operaciones formales.

De la acción concreta al pensamiento abstracto

El paso de contar a operar implica una transición desde la manipulación concreta hacia la representación mental. En los primeros años de primaria, los niños necesitan seguir utilizando objetos, dibujos y esquemas para comprender qué significa sumar o restar.

La suma no debe presentarse únicamente como un procedimiento mecánico. Antes de aprender el algoritmo, el alumno debe comprender que sumar es juntar cantidades y que restar puede significar quitar, comparar o completar. Estas ideas se consolidan mediante situaciones problemáticas variadas.

Por ejemplo, si un niño tiene tres figuritas y recibe dos más, puede contarlas todas nuevamente o agregar mentalmente a partir del tres. Este cambio de estrategia indica un avance en el pensamiento numérico. El docente puede promover estas evoluciones ofreciendo problemas que admitan distintos caminos de resolución.

El valor del cálculo mental y la estimación

En matemática inicial, el cálculo mental cumple un rol relevante. Permite desarrollar flexibilidad y comprensión profunda de las relaciones numéricas. Resolver cuánto es 5 más 2 sin recurrir al conteo uno por uno evidencia que el niño comienza a internalizar combinaciones básicas.

La estimación también debe ocupar un lugar en el aula. Preguntar si el resultado será mayor o menor que cierto número antes de realizar la operación ayuda a construir sentido numérico. Esta práctica evita que las operaciones se transformen en procedimientos automáticos sin comprensión.

Estas estrategias no requieren recursos adicionales, sino preguntas bien formuladas y tiempo para que los alumnos expliquen cómo pensaron. El intercambio entre pares enriquece el aprendizaje y permite comparar procedimientos.

Articulación entre nivel inicial y primaria

La continuidad pedagógica resulta determinante para que el pasaje de contar a operar sea consistente. Si en el jardín se trabajó la resolución de problemas con material concreto, en primer grado no debería abandonarse abruptamente esa modalidad.

Las reuniones de articulación entre docentes permiten acordar criterios comunes y evitar exigencias desajustadas. Conocer qué experiencias matemáticas han transitado los niños facilita planificar propuestas acordes a su desarrollo.

La transición planificada reduce la ansiedad y favorece la confianza en las propias capacidades. Cuando el alumno percibe coherencia entre niveles, se adapta con mayor seguridad a las nuevas demandas.

El error como oportunidad de aprendizaje

En el camino hacia las operaciones formales, el error forma parte del proceso. Confundir el orden de los números, contar dos veces el mismo objeto o aplicar incorrectamente un procedimiento son situaciones habituales que deben analizarse pedagógicamente.

Más que corregir de inmediato, conviene indagar cómo pensó el alumno. Muchas veces, detrás de un resultado incorrecto hay una estrategia incipiente que necesita orientación. Este enfoque fortalece la comprensión y evita que la matemática se asocie con miedo o frustración.

La construcción de un clima de confianza en el aula favorece la participación y la exploración de distintas estrategias. El aprendizaje matemático se enriquece cuando se legitiman los procesos, no solo los resultados.

El rol de la familia en el desarrollo matemático

La matemática no pertenece exclusivamente al ámbito escolar. En la vida cotidiana abundan oportunidades para reforzar el pasaje de contar a operar. Cocinar, dividir porciones, organizar horarios o comparar precios son experiencias que permiten aplicar nociones numéricas en contextos reales.

Estas actividades no implican gastos adicionales. Al contrario, integran el aprendizaje a situaciones habituales y refuerzan la comprensión de que la matemática es una herramienta para resolver problemas concretos.

La comunicación entre escuela y familia resulta clave para alinear expectativas. Explicar que el objetivo no es memorizar algoritmos prematuramente, sino construir sentido numérico, contribuye a reducir presiones innecesarias.

Operar con comprensión, no por repetición

Cuando el alumno llega a resolver sumas y restas de manera convencional, el desafío consiste en asegurar que comprenda lo que hace. El algoritmo escrito debe ser la culminación de un proceso de comprensión, no el punto de partida.

Trabajar con descomposición de números, como entender que 8 es 5 más 3 o 4 más 4, fortalece la base para operaciones más complejas. Esta flexibilidad mental será indispensable en grados posteriores.

La matemática inicial bien orientada no busca rapidez mecánica, sino solidez conceptual. El tiempo invertido en comprender relaciones numéricas rinde frutos en etapas posteriores, cuando aparezcan multiplicaciones, divisiones y problemas más abstractos.

Una base sólida sin grandes inversiones

Acompañar el paso de contar a operar en matemática inicial no requiere tecnología avanzada ni manuales costosos. Exige planificación didáctica, propuestas significativas y una mirada atenta al desarrollo infantil.

Cuando el aprendizaje se apoya en experiencias concretas, diálogo y resolución de problemas, los alumnos construyen una relación positiva con la matemática. Esta actitud influye en su desempeño futuro y en su disposición frente a nuevos desafíos.

De contar objetos en el jardín a operar con números en primaria hay un camino que debe recorrerse con coherencia y sentido. Si se respeta el proceso, se valoran las estrategias personales y se promueve la comprensión profunda, la matemática deja de ser una fuente de tensión y se convierte en una herramienta poderosa para interpretar el mundo.