Por: Maximiliano Catalisano
Imagina que estás en un campus vibrante: clases, actividades, encuentros y, en un instante, alguien necesita ayuda. Saber cómo actuar puede marcar la diferencia entre un susto y un desenlace serio. Esta nota te ofrece, de forma clara y práctica, las habilidades básicas de primeros auxiliares que todo estudiante universitario debería tener: procedimientos sencillos, materiales accesibles y consejos para aplicar en distintos contextos del campus sin gastar mucho.
Los primeros pasos ante una emergencia son simples y universales: mantener la calma, evaluar la escena y comprobar la respuesta de la persona afectada. Si la persona está inconsciente pero respira, colócala en posición lateral segura para mantener las vías aéreas despejadas; si no respira, inicia compresiones torácicas y solicita ayuda inmediata. Aprender maniobras básicas de resucitación cardiopulmonar (RCP) y uso de desfibrilador externo automático (DEA) puede salvar vidas y no requiere alta inversión: muchos cursos comunitarios son gratuitos o de bajo costo.
Heridas y hemorragias son comunes en prácticas, laboratorios y talleres. Para controlar una hemorragia, aplique presión directa sobre la herida con un paño limpio y, si es posible, eleve la extremidad afectada. Mantenga la presión hasta que llegue ayuda profesional; si la sangre empapa el vendaje, no lo retira, añade más material encima. Conoces también las técnicas básicas para limpiar y cubrir cortes menores: lavado con agua y jabón, desinfección ligera y vendaje compacto. Tener un botiquín pequeño en la mochila con gasas, cinta, antiséptico y guantes desechables es una inversión mínima que rinde mucho.
Las quemaduras pueden ocurrir en cocinas estudiantiles y laboratorios. Para quemaduras leves, enfría con agua corriente durante al menos 10 minutos, cubre con un gas estéril y evita aplicar cremas caseras que puedan complicar la evaluación médica. En caso de quemaduras más extensas o profundas, busca atención médica rápida. Aprender a reconocer grados de quemadura y cuándo trasladar a alguien al hospital es una habilidad que reduce riesgos y costos a largo plazo.
Las fracturas y esguinces requieren inmovilización inicial: inmoviliza la zona afectada con férulas improvisadas (tablas, revistas enrolladas) y evita mover al lesionado si hay sospecha de lesión en la columna. Aplique frío local en ejercicios para reducir la inflamación y no intente realinear los huesos desplazados. Conocer señales de alarma —dolor intenso, deformidad visible, pérdida de sensibilidad— ayuda a decidir si es necesaria una ambulancia.
Enfermedades súbitas como desmayos, convulsiones o reacciones alérgicas pueden presentarse en cualquier momento. Frente a un desmayo, pide a la persona, levanta las piernas y verifica la respiración; si hay convulsiones, protege la cabeza y despeja el área, no introduzcas objetos en la boca. Las reacciones alérgicas graves requieren adrenalina intramuscular (auto inyectores) y atención urgente; saber reconocer urticaria extensa, aumento facial o dificultad para respirar es básico para actuar rápido.
Gran parte de las emergencias se evitan con simples: respetar normas de laboratorio, usar equipo de protección personal y seguir las indicaciones en espacios medidas deportivas. Promover la cultura de prevención en el campus —carteles con teléfonos de emergencia, rutas de evacuación visibles y botiquines accesibles— cuesta poco y seguridad aporta para toda la comunidad. Además, la disposición de desfibriladores en puntos clave y personal capacitado eleva la capacidad de respuesta sin gastos excesivos.
Muchas universidades, asociaciones estudiantiles y organizaciones de salud ofrecen cursos básicos de primeros auxiliares a bajo costo o gratuitos. Busca talleres certificados de RCP y DEA, capacitaciones para manejo de hemorragias y cursos enfocados en contextos universitarios. Practicar en simulacros y reciclar conocimientos cada uno o dos años asegura que las maniobras se ejecutarán con seguridad cuando sea necesario. También existen recursos en línea y aplicaciones móviles que guían paso a paso en situaciones urgentes; úsalos como complemento, no como sustituto de la formación práctica.
Un campus bien pensado facilitar la temprana: señalización clara, puntos con botiquines y la cercanía de servicios médicos reducen tiempos de respuesta. Los espacios abiertos y accesibles permiten maniobras de reanimación y la llegada de emergencias. Impulsar acuerdos entre universidades y servicios locales de salud para la colocación de desfibriladores y formación regular del personal y estudiantes es una estrategia pragmática que no exige grandes presupuestos pero multiplica la seguridad.
Lleva siempre en tu mochila un pequeño kit con guantes desechables, gasas, cinta adhesiva, antiséptico y una mascarilla para RCP; aprende a usar cada elemento. Conoce los teléfonos de emergencia del campus y la ubicación del servicio médico o enfermería. Participa en al menos un curso básico de primeros auxilios durante tu vida universitaria y anima a tu grupo a hacerlo también; la formación colectiva aumenta la probabilidad de intervención eficaz cuando se necesita.
Saber primeros auxilios no es solo una habilidad técnica, es una actitud de cuidado hacia la comunidad. Con inversiones mínimas en tiempo y recursos, cualquier estudiante puede aprender a reconocer emergencias, brindar ayuda segura y activar la cadena de asistencia adecuada. En el entorno universitario, donde la vida cotidiana mezcla estudio, práctica y actividad social, estas competencias aumentan la seguridad y generan confianza para enfrentar imprevistos.
