Por: Maximiliano Catalisano
Terminar la escuela secundaria no es solo cerrar una etapa académica. Es, para muchos jóvenes, el inicio de un momento lleno de preguntas, incertidumbre y decisiones que parecen definir el futuro. Detrás de los festejos de egreso, conviven emociones intensas: entusiasmo, miedo, presión y dudas sobre lo que viene. En ese contexto, el acompañamiento se vuelve fundamental. No para dar respuestas cerradas, sino para ofrecer herramientas, contención y espacios donde pensar el propio camino sin sentirse solo.
La transición a la vida adulta no ocurre de un día para otro. Es un proceso que implica cambios en la identidad, en las responsabilidades y en la forma de vincularse con el mundo. Comprender esto permite dejar de exigir certezas inmediatas y empezar a construir recorridos posibles, más flexibles y realistas.
El impacto emocional del egreso
Para muchos estudiantes, terminar la secundaria genera una sensación de vacío. Durante años, la escuela organizó sus tiempos, sus vínculos y sus rutinas.
De repente, esa estructura desaparece. Esto puede generar ansiedad, inseguridad y miedo a equivocarse.
También aparece la presión social. Preguntas como “¿Qué vas a estudiar?” o “¿A qué te vas a dedicar?” se repiten constantemente. Y no siempre hay una respuesta clara.
Es importante reconocer que estas emociones son normales. No todos los jóvenes tienen definido su camino al terminar la escuela.
Y eso no significa que estén perdidos.
Decisiones en un contexto cambiante
Elegir una carrera o un proyecto de vida hoy es más complejo que hace algunas décadas.
El mundo cambia rápidamente, aparecen nuevas profesiones y otras desaparecen. Esto hace que las decisiones no sean definitivas.
Sin embargo, muchos jóvenes sienten que deben elegir “para siempre”. Acompañar este proceso implica transmitir una idea diferente.
Las elecciones pueden revisarse, modificarse y ajustarse con el tiempo. Lo importante no es acertar a la primera, sino animarse a explorar.
El rol de la escuela en el acompañamiento
La escuela no termina su función en el último día de clases. Puede convertirse en un espacio clave para preparar a los estudiantes para esta transición.
Generar espacios de reflexión, talleres de orientación y actividades que conecten con el mundo real ayuda a reducir la incertidumbre.
También es importante trabajar habilidades que van más allá de los contenidos.
Organización, toma de decisiones, manejo de la frustración y autonomía son aspectos fundamentales. Cuando los estudiantes desarrollan estas herramientas, se sienten más preparados para lo que viene.
Familias que acompañan sin presionar
Las familias tienen un papel muy importante en este momento. Muchas veces, el deseo de ayudar se traduce en presión. Expectativas muy altas o caminos predefinidos pueden generar angustia.
Acompañar no significa decidir por el otro. Significa escuchar, preguntar y sostener.
También implica aceptar que los tiempos pueden ser diferentes. Algunos jóvenes necesitan más tiempo para definir su camino.
Y eso forma parte del proceso.
Estrategias simples para acompañar mejor
Existen acciones concretas que pueden ayudar en esta etapa. Por ejemplo, fomentar espacios de conversación donde los jóvenes puedan expresar lo que sienten.
También es útil proponer experiencias diversas: cursos cortos, trabajos temporales, voluntariados o actividades que permitan explorar intereses.
Estas experiencias ayudan a conocerse mejor.
Otra estrategia es trabajar con metas a corto plazo. Pensar en pasos pequeños puede resultar menos abrumador que proyectar a largo plazo.
Esto permite avanzar sin sentirse paralizado.
El miedo a equivocarse
Uno de los mayores obstáculos en esta etapa es el miedo al error. Muchos jóvenes sienten que equivocarse puede cerrar oportunidades.
Sin embargo, equivocarse forma parte del aprendizaje.
Cambiar de carrera, probar diferentes caminos o replantear decisiones no es un fracaso. Es parte del proceso de construcción personal.
Cuando este mensaje se instala, los jóvenes pueden tomar decisiones con mayor tranquilidad.
Construir identidad más allá de una elección
La identidad no se define solo por una carrera o un trabajo.
Se construye a partir de experiencias, vínculos y aprendizajes. Por eso, es importante ampliar la mirada.
Un joven no es solo lo que estudia. También es lo que le interesa, lo que disfruta y lo que construye en su vida cotidiana.
Acompañar esta construcción implica valorar todo ese recorrido.
Una transición que necesita tiempo
En una sociedad que exige respuestas rápidas, es fácil caer en la ansiedad. Sin embargo, la transición a la vida adulta requiere tiempo. Cada joven transita este proceso de manera distinta, algunos avanzan rápido, otros necesitan más pausas.
Respetar esos tiempos es una forma de acompañar. No hay un único camino correcto.
Hay múltiples posibilidades.
Acompañar para construir futuro
Acompañar a los jóvenes después de la secundaria no es darles un mapa cerrado. Es ofrecerles herramientas para que puedan construir el propio.
Es ayudarlos a confiar en sus decisiones, incluso cuando no son definitivas. Es enseñarles que el camino se hace andando.
Cuando un joven se siente acompañado, es más probable que se anime a explorar, a intentar y a construir su proyecto de vida.
Y ese acompañamiento, muchas veces, no requiere grandes recursos.
Requiere presencia, escucha y confianza.
