Por: Maximiliano Catalisano

Muchos estudiantes pasan horas frente a los apuntes, subrayan, leen varias veces el mismo texto y, aun así, sienten que olvidan rápidamente lo que estudiaron. Esta situación genera frustración y la idea de que “no alcanza con estudiar más”. Sin embargo, el problema no suele ser la cantidad de tiempo, sino la forma en que se estudia. En los últimos años, distintas investigaciones han demostrado que existen estrategias mucho más efectivas para aprender y recordar información. Estas técnicas, conocidas como métodos de estudio científico, permiten optimizar el tiempo, mejorar la memoria y lograr aprendizajes más duraderos.

A diferencia de los métodos tradicionales basados en la repetición mecánica, estas estrategias se apoyan en cómo funciona el cerebro al aprender. Esto significa que no se trata de estudiar más, sino de estudiar mejor.

Por qué no alcanza con releer o subrayar

Durante mucho tiempo, releer textos y subrayar fueron las técnicas más utilizadas. Si bien pueden servir como primer acercamiento, no son suficientes para lograr una comprensión profunda.

Cuando un estudiante relee, reconoce la información y siente que la entiende, pero eso no garantiza que pueda recordarla después, es una sensación engañosa. El cerebro se familiariza con el contenido, pero no necesariamente lo aprende.

Por eso, muchas veces ocurre que alguien cree saber un tema hasta que intenta explicarlo y descubre que no puede. Las técnicas de estudio científico buscan justamente evitar ese problema.

La repetición espaciada

Una de las estrategias más conocidas es la repetición espaciada. Consiste en repasar la información en distintos momentos, dejando intervalos de tiempo entre cada sesión, en lugar de estudiar todo junto el día anterior a una evaluación, se distribuye el estudio en varios días.

Por ejemplo, un estudiante puede repasar un tema hoy, volver a hacerlo dentro de dos días, luego a la semana y después al mes. Cada vez que repasa, refuerza la memoria.

Este sistema ayuda a combatir el olvido. Cuando el cerebro detecta que necesita recuperar una información varias veces en distintos momentos, la considera importante y la almacena con mayor firmeza.

Además, evita el cansancio que produce estudiar muchas horas seguidas.

La recuperación activa de información

Otra técnica muy efectiva es la recuperación activa.

En lugar de leer pasivamente, el estudiante intenta recordar la información sin mirar los apuntes. Por ejemplo, puede cerrar el cuaderno y escribir lo que recuerda, explicarlo en voz alta o responder preguntas.

Este esfuerzo por recuperar la información fortalece la memoria. Cada vez que el cerebro hace ese trabajo, mejora su capacidad para acceder a lo aprendido, aunque al principio pueda parecer más difícil, es una de las formas más poderosas de estudiar.

Incluso equivocarse forma parte del proceso. Los errores ayudan a detectar qué partes necesitan más práctica.

La importancia de mezclar contenidos

Otra estrategia útil es alternar distintos temas durante el estudio.

En lugar de dedicar toda una sesión a un solo contenido, se pueden combinar varios. Esto obliga al cerebro a adaptarse, comparar y diferenciar información. Por ejemplo, en lugar de resolver diez ejercicios iguales, conviene mezclar distintos tipos de problemas.

Esto mejora la capacidad de aplicar lo aprendido en situaciones nuevas. Aunque puede resultar más desafiante, genera aprendizajes más sólidos.

Elaboración y conexiones

El aprendizaje mejora cuando el estudiante logra conectar la información con conocimientos previos.

Esto se conoce como elaboración. Consiste en explicar con palabras propias, relacionar conceptos, hacer ejemplos o vincular el contenido con situaciones reales.

Por ejemplo, en lugar de memorizar una definición, se puede intentar explicarla como si se la contara a otra persona. También se pueden crear analogías o ejemplos.

Esto ayuda a comprender mejor y facilita el recuerdo.

Cómo aplicar estas técnicas en la práctica

No hace falta cambiar todo de un día para otro. Se puede comenzar incorporando pequeños cambios. Por ejemplo, en lugar de releer un texto varias veces, se puede leer una vez y luego intentar recordarlo.

También se puede organizar un calendario de estudio con repasos espaciados.

Otra opción es hacer preguntas sobre el contenido y tratar de responderlas sin mirar los apuntes. Estas acciones simples pueden generar grandes diferencias.

Además, permiten aprovechar mejor el tiempo disponible.

El rol de la escuela y los docentes

La escuela tiene un papel importante en la enseñanza de estas estrategias.

Muchas veces, los estudiantes no saben cómo estudiar. Se les pide que aprendan, pero no siempre se les enseña cómo hacerlo.

Incorporar estas técnicas en el aula puede ayudar a mejorar los resultados y reducir la frustración. Los docentes pueden proponer actividades que incluyan preguntas, explicaciones orales, repasos distribuidos y ejercicios variados.

También pueden mostrar a los alumnos que equivocarse es parte del aprendizaje. Cuando los estudiantes comprenden cómo funciona su memoria, pueden tomar decisiones más acertadas al estudiar.

Una forma más inteligente de aprender

Las técnicas de estudio científico muestran que aprender no depende solamente del esfuerzo. También depende de utilizar estrategias adecuadas.

Estudiar durante muchas horas sin resultados puede generar cansancio y desmotivación. En cambio, aplicar métodos basados en evidencia permite lograr mejores resultados en menos tiempo.

La repetición espaciada, la recuperación activa, la combinación de contenidos y la elaboración son herramientas accesibles para cualquier estudiante. No requieren dinero ni recursos especiales. Solo implican cambiar la forma de estudiar.

Y ese cambio puede marcar una gran diferencia en el rendimiento académico.