Por: Marta Bonserio
En el ámbito de las instituciones educativas, los actos escolares suelen ser vistos como eventos tradicionales y rutinarios que interrumpen la jornada escolar. Sin embargo, desde una mirada innovadora, estos encuentros constituyen espacios cargados de significados fundamentales para la construcción de la identidad nacional y ciudadana. No son simplemente «trámites» del calendario escolar, sino oportunidades invaluables para que toda la comunidad —docentes, estudiantes y familias— se reúna en torno a una fecha significativa para reflexionar y compartir.
La diferencia clave: Efemérides vs. Actos
Para planificar propuestas pedagógicas de calidad, es vital distinguir entre dos conceptos que solemos usar como sinónimos. La efeméride es el contenido: el hecho o fecha histórica notable (el “qué” recordamos). Por su parte, el acto escolar es la forma: el evento ceremonial y ritualizado que organiza la institución (el “cómo” lo recordamos). Mientras la efeméride busca preservar la memoria colectiva, el acto tiene el propósito de exaltar valores y afirmar la identidad institucional y comunitaria.
Hacia un modelo de “Acto Pedagógico”
Muchas veces caemos en lo que irónicamente se describe como la “receta para el acto perfecto”: un patio, un micrófono, algunos estereotipos como el farolero o la dama antigua, y una hora de quietud forzada. Para trascender esta repetición protocolar, el desafío es convertir el acto en una instancia de aprendizaje significativo.
Cuando el equipo docente piensa el acto como un proyecto de aula, se abre la puerta a la investigación y el debate. De este modo, los estudiantes dejan de repetir textos vacíos y comienzan a participar de manera consciente, desarrollando habilidades de pensamiento y expresión acordes a su edad. Un acto renovado es aquel que invita a preguntarse: ¿Por qué este hecho sigue siendo relevante para nuestra Argentina hoy?
Innovación y nuevas narrativas
La tecnología y los nuevos lenguajes permiten hoy renovar estas ceremonias sin perder su solemnidad. Entre las propuestas que destaca la guía se encuentran:
- Podcasts con contenidos históricos: Los estudiantes investigan, guionan y graban episodios para ser escuchados por toda la escuela.
- Radio escolar: Espacios de comunicación para compartir reflexiones vinculadas a la fecha.
- Entrevistas: Invitar a historiadores, veteranos de guerra o vecinos mayores para acercar voces expertas y testimonios vivos.
- Murales colectivos: Producciones artísticas que convocan a toda la comunidad y dejan una huella duradera en el edificio escolar.
- Rincones temáticos: Espacios fijos que se renuevan con cada efeméride, incluyendo materiales visuales, producciones de los alumnos y códigos QR interactivos.
El papel de las familias: De espectadores a participantes
La presencia de las familias es el entramado que da sentido a estos rituales. Es fundamental reflexionar sobre cómo las convocamos: ¿Son solo «público» o son parte de la comunidad? Una estrategia efectiva para fortalecer este vínculo son las clases abiertas, donde después del momento protocolar, las familias ingresan al aula para ver el proceso de trabajo y participar en actividades breves con los estudiantes.
Incluso la invitación puede ser un aprendizaje. Más allá de la nota en el cuaderno, se pueden crear «trailers» del acto, tarjetas digitales en Canva o invitaciones con participación incluida (por ejemplo, pedirles que traigan un elemento específico para un cierre colectivo).
En conclusión, revalorizar el acto implica infundirle un propósito pedagógico que garantice que cada ceremonia quede grabada en la memoria como una experiencia profunda y única.
