Por: Maximiliano Catalisano

Ayuno y efectos en la atención cognitiva: qué dice la evidencia y cómo impacta en el rendimiento

En los últimos años, el ayuno intermitente dejó de ser una práctica asociada únicamente a tradiciones culturales o religiosas para convertirse en tendencia vinculada al bienestar y al rendimiento mental. Muchos estudiantes, docentes y profesionales se preguntan si dejar de comer durante determinadas horas puede mejorar la atención cognitiva, la concentración y la claridad mental. Sin embargo, la relación entre ayuno y desempeño intelectual no es tan lineal como suele presentarse en redes sociales. Analizar el tema con fundamentos permite tomar decisiones informadas, sin caer en modas ni gastar dinero en suplementos innecesarios.

El cerebro es un órgano altamente demandante desde el punto de vista energético. Aunque representa un pequeño porcentaje del peso corporal, consume una proporción significativa de glucosa disponible. Por eso, cualquier modificación en los hábitos alimentarios puede influir en la atención, la memoria y la velocidad de procesamiento. El interrogante central es si el ayuno potencia estas funciones o si, por el contrario, puede debilitarlas.

Qué ocurre en el cerebro durante el ayuno

Cuando una persona ayuna durante varias horas, el organismo comienza a utilizar reservas energéticas. Inicialmente recurre a la glucosa almacenada en el hígado y, con el paso del tiempo, incrementa la producción de cuerpos cetónicos como fuente alternativa de energía. Algunos estudios sugieren que estos compuestos podrían tener efectos beneficiosos sobre determinadas funciones cerebrales.

En adultos sanos, ciertos protocolos de ayuno intermitente se han asociado con mejoras subjetivas en la sensación de claridad mental. Sin embargo, estos resultados no son universales ni automáticos. Factores como la edad, el estado nutricional previo, el nivel de estrés y la calidad del sueño influyen de manera significativa en la respuesta cognitiva.

En niños y adolescentes, el panorama es diferente. El cerebro en desarrollo requiere un aporte constante de nutrientes. Saltarse comidas, especialmente el desayuno, se ha relacionado con disminución en la atención sostenida, mayor distractibilidad y menor rendimiento académico. En contextos escolares, la regularidad alimentaria favorece la estabilidad cognitiva.

Atención cognitiva y niveles de glucosa

La atención cognitiva implica la capacidad de concentrarse en una tarea, filtrar estímulos irrelevantes y sostener el foco durante un período determinado. Esta función depende de redes neuronales que requieren energía estable. Fluctuaciones abruptas en los niveles de glucosa pueden traducirse en fatiga mental, irritabilidad o dificultad para mantener el rendimiento.

En adultos adaptados a protocolos de ayuno, el organismo puede regular mejor estos cambios. Sin embargo, la adaptación no es inmediata ni garantizada. Algunas personas experimentan dolores de cabeza, baja energía y disminución de la capacidad de concentración durante las primeras semanas.

En el ámbito educativo, especialmente en niveles iniciales y primarios, la evidencia respalda la importancia de una alimentación equilibrada antes de la jornada escolar. Un desayuno con proteínas, fibras y carbohidratos complejos contribuye a sostener la atención durante las primeras horas de clase.

Diferencias entre adultos y población escolar

Es importante diferenciar entre adultos que eligen voluntariamente ayunar y población infantil o adolescente en etapa de crecimiento. En adultos sanos, el ayuno supervisado puede formar parte de un estilo de vida específico, siempre que no existan contraindicaciones médicas.

En cambio, en estudiantes en edad escolar, la privación de alimentos puede afectar no solo la atención, sino también el estado de ánimo y la disposición al aprendizaje. La concentración en el aula no depende exclusivamente de la alimentación, pero esta constituye un componente relevante.

Promover hábitos saludables no implica incorporar productos costosos ni dietas complejas. Una alimentación variada y accesible, basada en alimentos frescos y horarios regulares, suele ser suficiente para sostener el rendimiento cognitivo en la mayoría de los casos.

Mitos frecuentes sobre ayuno y rendimiento mental

Uno de los mitos más difundidos es que el ayuno automáticamente aumenta la productividad intelectual. Si bien algunas personas reportan sensación de mayor enfoque, esto no equivale necesariamente a mejoras objetivas en pruebas cognitivas.

Otro error común es suponer que cuanto más prolongado sea el ayuno, mejores serán los resultados mentales. En realidad, períodos extensos sin supervisión pueden generar efectos adversos, como desregulación del sueño o cambios en el estado emocional, que impactan negativamente en la atención.

También es importante señalar que la mejora cognitiva no depende únicamente de la alimentación. Factores como el descanso adecuado, la actividad física regular y la gestión del estrés influyen de manera determinante en el funcionamiento cerebral.

Contexto educativo y políticas de alimentación

En el ámbito escolar, numerosos programas de alimentación han demostrado que garantizar el acceso a comidas equilibradas mejora indicadores de asistencia y desempeño académico. Esto refuerza la idea de que, en etapas de desarrollo, la regularidad nutricional favorece la estabilidad cognitiva.

Las instituciones educativas pueden contribuir promoviendo hábitos saludables, sin imponer prácticas restrictivas. Informar a las familias sobre la relación entre alimentación y concentración ayuda a construir decisiones responsables.

En contextos de limitaciones económicas, es posible organizar colaciones simples y nutritivas sin grandes gastos. Frutas de estación, cereales integrales y lácteos accesibles pueden formar parte de una estrategia realista para sostener la atención en el aula.

Qué tener en cuenta antes de adoptar el ayuno

Para adultos interesados en explorar el ayuno intermitente, resulta recomendable consultar con un profesional de la salud. No todas las personas responden de igual manera, y existen condiciones médicas que lo desaconsejan.

En el caso de estudiantes, especialmente menores de edad, no se recomienda implementar ayuno con fines de mejora cognitiva. La prioridad debe ser asegurar una alimentación equilibrada que acompañe el desarrollo físico e intelectual.

Tomar decisiones informadas implica analizar evidencia científica y evitar soluciones simplificadas. La atención cognitiva es un fenómeno complejo que depende de múltiples variables, no solo del horario de comidas.

Una mirada equilibrada y responsable

El debate sobre ayuno y atención cognitiva requiere una perspectiva matizada. En adultos sanos, bajo supervisión adecuada, ciertos esquemas de ayuno pueden ser compatibles con buen rendimiento mental. No obstante, no constituyen una fórmula universal ni garantizan mejoras automáticas.

En población escolar y adolescente, la regularidad alimentaria continúa siendo un factor protector para la concentración y el aprendizaje. Antes de adoptar prácticas restrictivas, conviene evaluar el contexto, las necesidades individuales y los posibles riesgos.

La clave no está en soluciones extremas ni en gastos elevados en productos específicos, sino en hábitos sostenibles: alimentación equilibrada, descanso adecuado y organización del tiempo. Cuidar el cerebro implica decisiones conscientes que prioricen el bienestar integral por encima de tendencias pasajeras.